ARMANDO VILLEGAS EN SU CENTENARIO
Francisco Carranza Romero
Para entender una obra de arte, hay
que conocer al autor quien es el producto de las realidades geográfica e
histórica y del proceso sociocultural. Armando Villegas López es un artista que
en cada obra trata de expresar la identidad e historia de Perú y Latinoamérica.
Y, ¡qué historia!
Su madre, doña María Timotea López
Diestra, al quedar embarazada del hijo del hacendado de Chinchobamba, provocó
el escándalo en la localidad y recibió el desprecio de los que se sentían
superiores socioeconómicamente. “En ningún otro país de Latinoamérica, se ha
marcado tanta la diferencia de las clases, como en Perú” (Daza, 1982, “Sortilegio
mágico cromático”, en “Armando Villegas”, p. 17). Ella, para salvar la vida del
ser que crecía en su vientre, huyó de la casa hacienda donde laboraba. Estaba
decidida a tener su criatura.
El niño Armando nació el 5 de
septiembre de 1926 en una humilde casa de Pomabamba (Áncash, Perú). Su madre y
los familiares de ella fueron los testigos de este natalicio. María López protegió
a su único hijo haciendo muchas labores. “(L)actitud de mi madre fue muy
valerosa; fue formidable” (Daza, ibid., p. 30), un justo reconocimiento. El
niño Armando contempló la naturaleza andina de variados colores y formas que le
hablaba con amor maternal, oyó en la lengua quechua muchos relatos mezclados con
el realismo mágico, aprendió los principios que rigen la vida solidaria: ayudarse
mutuamente, respeto a los mayores y a la madre naturaleza; en la escuela
experimentó la castellanización forzada y el menosprecio a su lengua nativa. Después,
doña María, por el miedo de que le arrebataran su hijo de 7 años, huyó a pie
con el hijo hasta la carretera donde subieron a un camión que iba rumbo a Lima
a donde llegaron en la noche. Al día siguiente, por suerte, el pomabambino
Alejandro Martell, que buscaba a algún familiar en la cochera del camión, los
encontró, conversó, comprendió el drama y se decidió llevarlos a su pensión porque
él también necesitaba compañía. “Don Alejandro Martell fue el mejor papá que
Dios me dio. Él me crio, me orientó y ayudó durante mi niñez y adolescencia”,
me confesó el maestro Villegas en una conversación. “Él fue muy leal conmigo;
me enseñó la lealtad… antes que un padrastro, tuve un amigo y, por tanto, un
padre” (Daza, ibid., pp.37-8).
En Lima culminó los estudios de primaria
y secundaria pero ya garabateando sobre los papeles con figuras que narraban
historias. Contradiciendo al deseo de don Alejandro y doña María ingresó a La
Escuela de Bellas Artes de Lima, porque ellos querían que siguiera la carrera
militar porque el oficio de dibujante y retratista no ofrecía buen futuro. Ellos
no comprendían su opción por el arte; pero, después lo consintieron pensando
que, al fin, cada ser humano hace su propio camino; cada ser humano es
responsable de su destino.
Desde los primeros años de su
formación artística se dedicó de lleno a la investigación, experimentación
(ensamblaje, collage, témpera, muralismo, retablo, óleo) y búsqueda de la
identidad peruana y latinoamericana. Así comenzó a responderse a las preguntas:
¿De dónde vengo?, ¿A dónde voy?, ¿Quién soy? En 1951 viajó a Colombia para
estudiar en la Escuela de Bellas Artes de Bogotá; y, gracias a su labor incansable
y constante, y a la ayuda de sus maestros y amigos se fue realizando como
pintor hasta lograr el reconocimiento en el mundo artístico.
En sus cuadros aparecen no sólo los
seres humanos; también las montañas, animales y plantas antropomorfizados que
narran mitos e historias. Es la recuperación de los datos del archivo cultural
precolombino. Los guerreros de rostros pacíficos no dan miedo porque más parecen
ser los protectores de este mundo; los danzantes con atuendos multicolores nos
invitan a danzar con ellos porque podemos oír y sentir la melodía y el ritmo
andinos. Las máscaras expresan nuestra realidad cultural polifacética porque
cada ser humano es de muchas máscaras que se usan según el momento y el
escenario; además, las máscaras de rostros divinos y diabólicos también sirven
para satirizar a los colonizadores que quisieron borrar la cultura andina. Sus
cuadros son expresiones del realismo mágico.
Ahora, narro cuándo y cómo me
conocí con el maestro Villegas: Una mañana del mes de marzo de 1977 visité la
embajada de Perú en Bogotá para registrarme como estudiante peruano y becario
de Icetex, que comenzaba a estudiar el postgrado en el Instituto Caro y Cuervo.
Una decena de peruanos estábamos sentados en fila dentro de la sala esperando
nuestro turno para ser atendidos; en eso, entró un señor de casaca de cuero
negro con un maletín en el brazo. Yo, inmediatamente, me puse de pie y le expresé
el saludo acompañado de la venia andina. Él se detuvo y parece que me
diferenció por mi actitud. Se me acercó y me preguntó para qué había llegado a
la embajada. Le respondí que deseaba registrarme como estudiante peruano de
postgrado… Inmediatamente, me preguntó de qué parte del Perú era; al saber que
era un ancashino quechuahablante, sonrió y me invitó para que pasara a su
oficina después de ser atendido porque él era el Agregado Cultural ad Honorem
del Perú. Después de registrarme fui a su oficina donde, tomando tintico,
hablamos emocionados usando nuestro quechua. Al final, dándome su dirección, me
invitó a su casa para el día domingo. Después de muchos encuentros y
conversaciones nos sentimos como hermanos, él era mi mayor por 20 años. Así
pude contemplarlo en plena faena en su taller. Y ahora describo su faena
infatigable: Su mente sigue concentrada con ideas e imágenes que desean
expresarse, salir a la luz. Sus manos se mueven arreglando el lienzo y papel,
preparando los colorantes, empuñando los pinceles, raspando lo que hay que
suavizar… Los ojos siguen atentos ante la aparición de formas y colores; pero
la vista del cuadro u otro objeto en proceso de realización es desde diferentes
ángulos. Así, desde un aparente caos van apareciendo seres con el deseo de
existir para narrar sucesos escondidos en el universo interior (subconsciencia,
inconsciencia) del pintor.
“Sus obras fueron expuestas en
muchos países de América, Europa y Asia. En 1990, invitado por la Universidad
Dankook, expuso en Seúl y después en Tokio. En Seúl dio una conferencia a los
docentes y estudiantes coreanos quienes le preguntaron sobre la diferencia de
la pintura occidental y oriental; entonces, él les respondió que el arte sólo
se diferencia por su calidad y no por el material utilizado o por la variedad
de temas. Ante tal respuesta el público lo aplaudió. Un maestro universal sin
dejar de ser un andino quechua” (Carranza, 2016, “Armando Villegas ha cruzado
el río”).
El maestro Villegas, por conocer la
realidad de las escuelas estatales de Perú y Colombia, se lamentaba de la poca
importancia que daban el Ministerio de Educación y la escuela a la asignatura
de Dibujo o Pintura. Las aulas oscuras y tétricas no son las adecuadas porque
matan el espíritu artístico del estudiante, la carencia de materiales también
dificulta la enseñanza, y el docente no preparado para esta materia remata el
curso. Aquí están sus palabras: “El maestro debe propagar siempre en sus
clases una pedagogía de la libertad; de otra manera habrá esculpido en el
viento”. Por eso, el maestro de dibujo debe tener conocimientos de
Estética, Pedagogía, Geometría, Psicología, Química, cultura general y práctica
del dibujo porque el curso de dibujo tiene relación con todas las asignaturas
(Carranza, 2016, “Armando Villegas: Pedagogía especial del dibujo Villegas”).
En 1993, Armando Villegas recibió
la nacionalidad colombiana cuando César Gaviria era el presidente.
“El 29 de diciembre de 2013 se fue
al encuentro de los apus. Se marchó al encuentro del sol. Días antes, en
nuestra conversación telefónica, sospechamos algo al decir: “Hasta luego”. Y el
29 de diciembre, mientras yo desayunaba en Huaraz un picaflor se acercó a la
ventana anunciando algo. Era el mensajero de algo que estaba pasando en Bogotá”
(Carranza, 2016, “Armando Villegas ha cruzado el río”).
Todos cumplimos un proceso
existencial: nacer, vivir y morir; pero en el camino dejamos nuestras huellas.
Los cuadros del maestro Armando Villegas, que se exhiben en su centenario, son sus
huellas, aunque él haya pasado a la otra orilla del río de la vida.
Referencias
Carranza
Romero, Francisco: 2016, “Armando
Villegas: Pedagogía especial del dibujo”.
https://universoquechua.blogspot.com/2016/02/armando-villegas-pedagogia-especial-del.html
2016, “Armando Villegas ha cruzado el río”.
https://universoquechua.blogspot.com/2016/02/armando-villegas-ha-cruzado-el-rio.html
Daza, Gloria
Inés: 1982, “Armando Villegas”, Graphos, Bogotá.
Villegas,
Armando: 2012, “Pedagogía especial del dibujo”, Fundación Común Presencia,
Bogotá.