sábado, 19 de septiembre de 2026

ARMANDO VILLEGAS EN SU CENTENARIO

 ARMANDO VILLEGAS EN SU CENTENARIO

Francisco Carranza Romero



Para entender una obra de arte, hay que conocer al autor quien es el producto de las realidades geográfica e histórica y del proceso sociocultural. Armando Villegas López es un artista que en cada obra trata de expresar la identidad e historia de Perú y Latinoamérica. Y, ¡qué historia!

Su madre, doña María Timotea López Diestra, al quedar embarazada del hijo del hacendado de Chinchobamba, provocó el escándalo en la localidad y recibió el desprecio de los que se sentían superiores socioeconómicamente. “En ningún otro país de Latinoamérica, se ha marcado tanta la diferencia de las clases, como en Perú” (Daza, 1982, “Sortilegio mágico cromático”, en “Armando Villegas”, p. 17). Ella, para salvar la vida del ser que crecía en su vientre, huyó de la casa hacienda donde laboraba. Estaba decidida a tener su criatura.

El niño Armando nació el 5 de septiembre de 1926 en una humilde casa de Pomabamba (Áncash, Perú). Su madre y los familiares de ella fueron los testigos de este natalicio. María López protegió a su único hijo haciendo muchas labores. “(L)actitud de mi madre fue muy valerosa; fue formidable” (Daza, ibid., p. 30), un justo reconocimiento. El niño Armando contempló la naturaleza andina de variados colores y formas que le hablaba con amor maternal, oyó en la lengua quechua muchos relatos mezclados con el realismo mágico, aprendió los principios que rigen la vida solidaria: ayudarse mutuamente, respeto a los mayores y a la madre naturaleza; en la escuela experimentó la castellanización forzada y el menosprecio a su lengua nativa. Después, doña María, por el miedo de que le arrebataran su hijo de 7 años, huyó a pie con el hijo hasta la carretera donde subieron a un camión que iba rumbo a Lima a donde llegaron en la noche. Al día siguiente, por suerte, el pomabambino Alejandro Martell, que buscaba a algún familiar en la cochera del camión, los encontró, conversó, comprendió el drama y se decidió llevarlos a su pensión porque él también necesitaba compañía. “Don Alejandro Martell fue el mejor papá que Dios me dio. Él me crio, me orientó y ayudó durante mi niñez y adolescencia”, me confesó el maestro Villegas en una conversación. “Él fue muy leal conmigo; me enseñó la lealtad… antes que un padrastro, tuve un amigo y, por tanto, un padre” (Daza, ibid., pp.37-8).

En Lima culminó los estudios de primaria y secundaria pero ya garabateando sobre los papeles con figuras que narraban historias. Contradiciendo al deseo de don Alejandro y doña María ingresó a La Escuela de Bellas Artes de Lima, porque ellos querían que siguiera la carrera militar porque el oficio de dibujante y retratista no ofrecía buen futuro. Ellos no comprendían su opción por el arte; pero, después lo consintieron pensando que, al fin, cada ser humano hace su propio camino; cada ser humano es responsable de su destino.

Desde los primeros años de su formación artística se dedicó de lleno a la investigación, experimentación (ensamblaje, collage, témpera, muralismo, retablo, óleo) y búsqueda de la identidad peruana y latinoamericana. Así comenzó a responderse a las preguntas: ¿De dónde vengo?, ¿A dónde voy?, ¿Quién soy? En 1951 viajó a Colombia para estudiar en la Escuela de Bellas Artes de Bogotá; y, gracias a su labor incansable y constante, y a la ayuda de sus maestros y amigos se fue realizando como pintor hasta lograr el reconocimiento en el mundo artístico.

En sus cuadros aparecen no sólo los seres humanos; también las montañas, animales y plantas antropomorfizados que narran mitos e historias. Es la recuperación de los datos del archivo cultural precolombino. Los guerreros de rostros pacíficos no dan miedo porque más parecen ser los protectores de este mundo; los danzantes con atuendos multicolores nos invitan a danzar con ellos porque podemos oír y sentir la melodía y el ritmo andinos. Las máscaras expresan nuestra realidad cultural polifacética porque cada ser humano es de muchas máscaras que se usan según el momento y el escenario; además, las máscaras de rostros divinos y diabólicos también sirven para satirizar a los colonizadores que quisieron borrar la cultura andina. Sus cuadros son expresiones del realismo mágico.

Ahora, narro cuándo y cómo me conocí con el maestro Villegas: Una mañana del mes de marzo de 1977 visité la embajada de Perú en Bogotá para registrarme como estudiante peruano y becario de Icetex, que comenzaba a estudiar el postgrado en el Instituto Caro y Cuervo. Una decena de peruanos estábamos sentados en fila dentro de la sala esperando nuestro turno para ser atendidos; en eso, entró un señor de casaca de cuero negro con un maletín en el brazo. Yo, inmediatamente, me puse de pie y le expresé el saludo acompañado de la venia andina. Él se detuvo y parece que me diferenció por mi actitud. Se me acercó y me preguntó para qué había llegado a la embajada. Le respondí que deseaba registrarme como estudiante peruano de postgrado… Inmediatamente, me preguntó de qué parte del Perú era; al saber que era un ancashino quechuahablante, sonrió y me invitó para que pasara a su oficina después de ser atendido porque él era el Agregado Cultural ad Honorem del Perú. Después de registrarme fui a su oficina donde, tomando tintico, hablamos emocionados usando nuestro quechua. Al final, dándome su dirección, me invitó a su casa para el día domingo. Después de muchos encuentros y conversaciones nos sentimos como hermanos, él era mi mayor por 20 años. Así pude contemplarlo en plena faena en su taller. Y ahora describo su faena infatigable: Su mente sigue concentrada con ideas e imágenes que desean expresarse, salir a la luz. Sus manos se mueven arreglando el lienzo y papel, preparando los colorantes, empuñando los pinceles, raspando lo que hay que suavizar… Los ojos siguen atentos ante la aparición de formas y colores; pero la vista del cuadro u otro objeto en proceso de realización es desde diferentes ángulos. Así, desde un aparente caos van apareciendo seres con el deseo de existir para narrar sucesos escondidos en el universo interior (subconsciencia, inconsciencia) del pintor.

“Sus obras fueron expuestas en muchos países de América, Europa y Asia. En 1990, invitado por la Universidad Dankook, expuso en Seúl y después en Tokio. En Seúl dio una conferencia a los docentes y estudiantes coreanos quienes le preguntaron sobre la diferencia de la pintura occidental y oriental; entonces, él les respondió que el arte sólo se diferencia por su calidad y no por el material utilizado o por la variedad de temas. Ante tal respuesta el público lo aplaudió. Un maestro universal sin dejar de ser un andino quechua” (Carranza, 2016, “Armando Villegas ha cruzado el río”).

El maestro Villegas, por conocer la realidad de las escuelas estatales de Perú y Colombia, se lamentaba de la poca importancia que daban el Ministerio de Educación y la escuela a la asignatura de Dibujo o Pintura. Las aulas oscuras y tétricas no son las adecuadas porque matan el espíritu artístico del estudiante, la carencia de materiales también dificulta la enseñanza, y el docente no preparado para esta materia remata el curso. Aquí están sus palabras: “El maestro debe propagar siempre en sus clases una pedagogía de la libertad; de otra manera habrá esculpido en el viento”. Por eso, el maestro de dibujo debe tener conocimientos de Estética, Pedagogía, Geometría, Psicología, Química, cultura general y práctica del dibujo porque el curso de dibujo tiene relación con todas las asignaturas (Carranza, 2016, “Armando Villegas: Pedagogía especial del dibujo Villegas”).

En 1993, Armando Villegas recibió la nacionalidad colombiana cuando César Gaviria era el presidente.

“El 29 de diciembre de 2013 se fue al encuentro de los apus. Se marchó al encuentro del sol. Días antes, en nuestra conversación telefónica, sospechamos algo al decir: “Hasta luego”. Y el 29 de diciembre, mientras yo desayunaba en Huaraz un picaflor se acercó a la ventana anunciando algo. Era el mensajero de algo que estaba pasando en Bogotá” (Carranza, 2016, “Armando Villegas ha cruzado el río”).

Todos cumplimos un proceso existencial: nacer, vivir y morir; pero en el camino dejamos nuestras huellas. Los cuadros del maestro Armando Villegas, que se exhiben en su centenario, son sus huellas, aunque él haya pasado a la otra orilla del río de la vida.

Referencias

Carranza Romero, Francisco: 2016, “Armando Villegas: Pedagogía especial del dibujo”.

    https://universoquechua.blogspot.com/2016/02/armando-villegas-pedagogia-especial-del.html

    2016, “Armando Villegas ha cruzado el río”.

    https://universoquechua.blogspot.com/2016/02/armando-villegas-ha-cruzado-el-rio.html

Daza, Gloria Inés: 1982, “Armando Villegas”, Graphos, Bogotá.

Villegas, Armando: 2012, “Pedagogía especial del dibujo”, Fundación Común Presencia,    

    Bogotá.


martes, 11 de agosto de 2026

SAMGUK YUSA, VOZ E IMAGEN DE ANTIGUA COREA

 SAMGUK YUSA, VOZ E IMAGEN DE ANTIGUA COREA

Francisco Carranza Romero



En el verano de 2024, en Seúl, el exembajador Cho me entregó el libro “Samguk Yusa” (Memorias de los Tres Reinos), escrito y recopilado por el monje budista Hyeon (1206-1289). Este libro fue traducido por Kab Dong Cho, y publicado en 2023 por UMA editorial, Universidad de Málaga, España, con la participación de los Editores Literarios: Luis A. Botella, Eun Kyung, Antonio J. Doménech, Fernando Wulf. En ese mismo viaje a Seúl, la viuda del profesor Kim Hyungchang también me entregó el libro chino “I Ching” en versión española gracias al traductor D. J. Vogelmannn (1956, Edit. Sudamericana, Buenos Aires). El obsequio post mortem del amigo e hispanista coreano con quien y otros dos colegas (Min Yongtae y Kim Ibae -RIP-) fundamos la Asociación Coreana de Hispanistas (1981) y la Asociación Asiática de Hispanistas (1984). Tener buenos amigos es una buena suerte.

Después de aquel grato reencuentro con el amigo Cho, recién he leído con paciencia, emoción y reflexión el voluminoso “Samguk Yusa”. El libro original fue escrito en ideogramas chinos porque entonces Corea aún no tenía su propia escritura; recién en 1443 un grupo de estudiosos, por orden del rey Saejon el Grande (1418–1450), inventó el alfabeto fonético coreano llamado hangeul que en 1446 fue proclamado y oficializado. Las primeras traducciones fueron a la lengua coreana; después, a otras lenguas. 

Explicación sobre el nombre y autor del libro. Samguk (sam-guk): tres reinos -Silla, Goguryeo, Baekje-. Yusa: huella, memoria. El nombre original del autor es Kim Gyeonmyeong quien, al hacerse monje budista, adoptó el nombre Hyeon (virtuoso). Es la versión de un letrado que no estaba al servicio de los reyes. Otro libro sobre la antigua Corea (Haedong) es “Samguk Sagi” (Historia de los Tres Reinos), versión oficial, escrito por el funcionario real Kim Busik (1075-1151). Los dos son documentos útiles para conocer el pasado del pueblo coreano. 

Contenido. Es un valioso documento para conocer el pasado del extremo nororiente de Asia porque contiene datos sobre la historia, geografía, mitos, creencias populares, concepciones filosóficas y religiosas (taoísmo, confucianismo y budismo), hagiografías budistas y cantos populares (hyangga). Aquí están algunas referencias.

 Muchos reyes son de origen celestial. Salen del huevo o cofre descendidos a las montañas. “El señor de este pueblo era Alpyeong que descendió del cielo sobre el pico del monte Pyoam” (p. 75).  “Las familias Bak y los Seok del reino de Silla nacieron de huevos” (174). “Había un cofre colgado de una rama en medio de la nube y de ese cofre dorado brotaba la luz… (el rey) abrió el cofre dorado. Un hermoso muchacho que estaba echado en el interior se levantó de inmediato” (p. 85). Hwanung, padre del fundador mítico Dangun, también descendió del cielo a la montaña. Así, los reyes tienen el origen divino y las montañas son lugares de conexión entre el cielo y la tierra.

La península coreana, desde entonces, ya tenía los conflictos regionales. El reino de Silla dominó a los dos reinos con la ayuda de la fuerza militar procedente de China. “Silla logró subyugar a los reinos de Baekje y Goguryeo con la ayuda del poderío militar del imperio Tang” (p. 174).

 La aparición de dos soles. Como en los relatos andinos, este suceso sorprende y asusta. “(D)os soles aparecieron alineados en el cielo y así estuvieron durante diez días” (p. 411). Para evitar desastres el astrólogo aconsejó esparcir flores, componer cantos y entonarlos.

La piedad filial. Es un principio importante en el confucianismo y budismo. Hay la referencia a ciertas aves, aunque hermosas, son voraces y no son gratos con sus padres. El águila devora a su padre; el búho devora a su madre (p. 190). Sin embargo, el cuervo lleva comida a sus padres ancianos y es un mensajero divino: “(U)n cuervo llegó volando y graznó diciendo: Id al monte Yeongchwi y sed discípulo de Nangji” (p. 423).

El poder de la palabra. “La gente decía que las palabras de las personas podían derretir hasta el metal” (p. 141). Las gentes pueden conversar con la naturaleza, y con sus oraciones son capaces de controlar tormentas y cambiar la suerte. El príncipe Jumong, al huir de sus perseguidores, habló al río para que lo ayudara a cruzar. “Acto seguido, los peces y las tortugas se juntaron para formar un puente” (p. 69). El príncipe y sus amigos se salvaron cruzando el río.

La fugacidad de la vida. “La vida humana es como rocío sobre hoja de hierba” (p. 209). Con este pensamiento muchos prefirieron vivir como ermitaños predicando a las gentes para que alcanzaran la paz celestial practicando las virtudes.

El taoísmo concibe que hay dos fuerzas opuestas que al armonizarse crean el tao. Yin: femenino, negativo, pasivo, oeste. Yang: masculino, positivo, activo, este.

 El juego con la pelota ya se practicaba en Corea: “Jusin jugaba frente a su casa con Chunchu, dando patadas a una pelota (las gentes de Silla llamaban a ese juego chukguk)” (p. 110).

Como el autor es un monje budista, hay mucho material sobre el budismo: sarira (amuleto con fragmento del hueso de Buda), sutra (de medicina, de adivinación), dharma (rueda de las reencarnaciones), samsara (nacimiento, vida, muerte). Cinco preceptos: no matar, no robar, no beber alcohol, no mentir, no cometer adulterio). Cinco direcciones y luces de colores: Este, azul. Oeste, blanco. Norte, negro. Sur, rojo. Centro, amarillo. Maitreya (Buda del futuro).

Canto popular coreano: hyangga. Pueden ser estrofas de cuatro, ocho y diez versos. A continuación, una loa al monje Yeongjae que rechazó los regalos de los ladrones:

Con firme voluntad se dirige con su bastón a la montaña.

Ni seda ni joyas doblegan su espíritu.

¡Bandidos del bosque, no le ofrezcáis tal cosa!

La riqueza es la que al infierno lleva. (p. 437)

 

Indudable: Para comprender el presente hay que conocer el pasado.



viernes, 31 de julio de 2026

VOCES E IMÁGENES EN LOS NIÑOS DEL CAMPO Y URBE

 VOCES E IMÁGENES EN LOS NIÑOS DEL CAMPO Y DE LA URBE

Francisco Carranza Romero

RESUMEN

Las gentes, desde la niñez, se diferencian por los ambientes natural, temporal y sociocultural donde nacen. Los niños andinos del campo crecen en contacto diario con la naturaleza, por eso la conocen y la tratan con familiaridad. Los niños de las urbes interactúan con juguetes y máquinas, y son muy influenciados por los programas virtuales. Y los currículos escolares nacionales deben tomar en cuenta las realidades del campo y de la urbe.

Palabras clave: andino, área rural, naturaleza, niñez, respeto, urbe.

Abstract

People, from their childhood, are differentiated by their natural, temporal, and sociocultural environments where they are born. Andean children of the countryside grow up in daily contact with nature and thus come to know and become familiarized with nature. Children residing in urban areas interact with toys and technologies and are heavily influenced by virtual programming. National school curriculums need to take into account these different realities in the countryside and the urban areas. 

Key words: Andean, rural areas, nature, childhood, respect, urban


El ser humano es una criatura espacial y temporal. Cada espacio donde él habita no es sólo una realidad geográfica que sustenta a toda la biósfera. En esta realidad física hay también mensajes que deben ser compartidos; pero hay que saber oír, ver y comprenderlos. Y las gentes del área rural y de la urbe viven experiencias diferentes.

 

LA GENTE DEL ÁREA RURAL

Este escrito se basa en mi propia experiencia vivencial en el campo (comunidad campesina de Quitaracsa, Áncash, Perú), especialmente en mi etapa infantil hasta el Segundo Año de Primaria, Escuela Mariano Melgar N° 86543, base de mi vida. Sé de dónde vengo y no olvido ni me avergüenzo de mi origen.

Contacto con la naturaleza. Los pobladores andinos de las áreas rurales, desde la niñez, están en contacto diario con la naturaleza. Por conocer a la naturaleza sacan provecho de la altitud y de los variados climas. Los meses de lluvia sirven para el majadeo, barbecho y siembra. Los meses secos, especialmente julio y agosto, son buenos para procesar los alimentos mediante el resecamiento como la papaseca (kukupa), ocaseca (qawi), chuño o tocosh (tsunu o chuñu, tuqush), charqui o cecina; para hacer las labores comunales que, en algunos lugares las llaman “república” (res publica: bien común): arreglo y limpia de represas, cauces de acequias y ríos; arreglo de caminos y puentes; mantenimiento de la casa comunal, escuela, capilla, posta médica, y plaza. En otras fechas hay la labor comunal de siembra, deshierbo, aporque y cosecha.

Experiencia comunitaria. En la actividad comunal hay la participación obligatoria de un representante por familia que puede ser varón o mujer, anciano o niño. Los mayores hacen las labores pesadas; las mujeres preparan la comida; los menores ayudan en todo lo que pueden; los ancianos asesoran por la experiencia que tienen. Todos, reunidos, oyen y ven los mensajes del mundo exterior (la naturaleza); también de sus mundos interiores compartiendo noticias, bromas y proyectos. Los adultos comparten la chicha, aguardiente y coca. Los músicos alegran la labor con sus flautas y tambores; y, al final de la faena, todos bailan con alegría. Así todos se realizan como seres humanos solidarios interpretando e internalizando las voces e imágenes que se manifiestan en sus vidas.

Los niños del área rural.  Por vivir rodeados de sus familiares y de los miembros de su comunidad, asimilan las conductas y los códigos lingüísticos y gestuales de ellos. Así adquieren la lengua y cultura maternas. Por participar en las labores comunales categorizan a sus mayores: inteligentes y torpes; responsables y mogollones; serios y bromistas.

Por estar en contacto diario con la naturaleza, ella juega un papel importante en sus vidas. Los niños quechuas antropomorfizan a la naturaleza y se familiarizan con ella. A la tierra y al agua las llaman madre: Patsa (Pacha) Mama (Madre Tierra), Yaku Mama (Madre Agua). Al sol y al viento los llaman padre: Inti Yaya (Padre Sol), Wayra Yaya (Padre Viento). Este trato familiar se extiende a la Luna (Killa Mama: Madre Luna), a cada estrella (pani quyllur: hermana estrella) y a la montaña (apu hirka: montaña que protege). Y, cuando los señalan con la mano, lo hacen con mucho respeto abriendo la palma con los dedos juntos. Los animales y cosas son señalados con el índice turgente y otros dedos cerrados. Si así lo hicieran al Sol, a la Luna y a las estrellas sería una demostración de ignorancia y falta de respeto porque no son animales ni cosas; además, es como estar contándolos y apropiándose de un bien común.

Con este criterio, tampoco las personas son señaladas con el índice turgente porque merecen el respeto; no son animales ni cosas. Este gesto sólo está permitido cuando se acusa a alguien por alguna falta.

La venia también es una muestra de respeto a la naturaleza y a los mayores. Después de un reposo en la cueva hospitalaria; al abandonarla se expresa la despedida haciendo la venia: Cueva, me voy agradecido.

No se pasa sobre la gente ni animal porque es falta de respeto. Para hacerlo, se pide permiso. Si un perro mordiera al que está pasando sobre él, la gente dirá: Bien hecho, el perro también merece el respeto. Por este pensamiento no se pisotea real ni simbólicamente a la gente.

Por estar en contacto diario con las plantas y animales, los conocen bien y sacan provecho de ellos; los evitan cuando pueden afectarlos. Cuando bailan, imitan los pasos no sólo de sus mayores sino también de algunos animales como venados y caballos; cuando abren los brazos alzan los bordes de sus ponchos o mantas y los mueven como alas, así imitan a las aves en pleno vuelo. En el momento del zapateo imitan a la lluvia torrencial que cae, o como el acto de aplanamiento del piso para morar.

Estos niños, cuando crecen, se ven obligados a abandonar su comunidad y se trasladan a las ciudades por razones de estudio o labor. Así, estos niños o jóvenes, poco a poco, se van dando cuenta de las diferencias culturales: respeto a la naturaleza y a los mayores, gestos con la mano y el uso de la venia. Para adaptarse en la ciudad, tienen que aprender a imitar a los citadinos. En esta realidad intercultural los pobladores del campo comparan la suya con la otra; pero, por la presión escolar, social y de los medios de comunicación, pocos valoran lo aprendido durante la infancia.

Con la carretera y electricidad llega la “civilización” a las áreas rurales. Así, poco a poco la ciudad va contagiando sus virtudes y defectos.

 

LA GENTE DEL ÁREA URBANA

La gente del área urbana se siente superior a la del área rural porque en la urbe están localizadas las instituciones del poder político, económico y educativo; los mejores servicios y oportunidades laborales con mejor salario... Así, la ciudad es considerada como un modelo.

Los niños de la urbe. Desde que pueden ver y oír, interactúan con los familiares y cosas que están en sus cercanías como los juguetes con quienes juegan y conversan. Con el transcurso del tiempo van viendo y oyendo imágenes que salen en los aparatos electrónicos. Así pasan el tiempo. Al movilizarse fuera de sus viviendas conocen el paisaje urbano de gentes y vehículos en las calles ruidosas, ambiente de poca seguridad.

Los niños urbanos del Siglo XXI, generalmente, se distraen con los programas que salen en los aparatos electrónicos; y algunos, de tanto ver y oír esos programas, se vuelven adictos de las plataformas digitales; por eso, no dejan sus aparatos aun estando en la mesa a la hora del desayuno, almuerzo y cena. Para tener acceso a ciertos programas tienen que registrarse pagando. Los programas que distraen con fantasías y con retos virales hasta con el recurso de la violencia influyen a los niños más que los familiares y profesores. Sus modelos son los personajes de los programas que ven y oyen. Estamos siendo testigos de la aparición de los niños híbridos o humanos robotoides que no viven ni deciden ni actúan sin la intervención de la máquina y de la inteligencia artificial. De tanto ver las frecuentes ofertas comerciales de ciertos productos, sus mentes se van formando en consumidores y obedientes de los retos que les propone la máquina. ¿Son los seres posthumanistas? “La raíz de estos problemas es una mentalidad tecnocrática y posthumanista, que tiende a considerar a la persona como un objeto manipulable”. (León XIV, Magnifica humanitas, 172).

Estamos viendo la aparición de nuevas enfermedades mentales. Al respecto, algunas preguntas: ¿Los que crean y dirigen los programas virtuales para los niños tienen los conocimientos suficientes de Pedagogía y Psicología Infantil? ¿Los programadores y difusores asumen su responsabilidad de las consecuencias? ¿Hay alguna institución de control y sanción de estos programas? ¿Hay el uso ético y responsable de los programas? ¿Estamos, realmente, ante una nueva patogenia virtual?

Así, en nombre de la civilización y la modernidad muchas ciudades crecen destruyendo montañas y la biósfera. Sobre estas áreas destruidas se construyen viviendas de cemento, metal, plástico y vidrio. Una demostración de que no hay educación del cuidado de la naturaleza.

CONSIDERACIONES FINALES

1. Las áreas rural y urbana son dos realidades que deben complementarse porque de ellos depende el verdadero progreso humano.

2. Los currículos escolares deben ser integrativos y no sólo urbecéntricos. Así como los del campo llegan a la ciudad a aprender; los citadinos deben ir al campo a conocer a la naturaleza y comprender la realidad mágica y comunitaria de la gente del campo para valorarla.  

REFERENCIA

León XIV, 2015, “Magnifica humanitas”.



lunes, 9 de marzo de 2026

CONVIVENCIA HUMANA Y CANINA EN LAS URBES

 CONVIVENCIA HUMANA Y CANINA EN LAS URBES

Francisco Carranza Romero

Las urbes actuales no están pobladas solamente de gentes; cada día aumentan las mascotas. Entre éstas, los perros constituyen la mayor cantidad y hasta son considerados como miembros de la familia humana porque rompen la soledad. Algunos canes no comen la sobra de sus amigos o dueños humanos, tienen su menú especial; son bañados y arreglados con criterios estéticos de los cosmetólogos caninos; si hace frío usan ciertas ropas y zapatitos; las clínicas especializadas en cinología velan por su salud y, cuando se mueren, son enterrados en cementerios especiales.

Sin embargo, la convivencia no planificada de humanos y canes dentro de la casa y en áreas públicas externas crea problemas de higiene, salud, orden y asuntos legales.

Higiene y salud. Las áreas de césped de los parques y bordes de las aceras, por más que parezcan bellos paisajes verdes, no están en condiciones como para sentarse o echarse cómoda y despreocupadamente porque se han convertido en urinarios y cagaderos de perros que son sacados de las casas no sólo para pasearlos y relajarlos sino también, como se ve en la realidad, para que hagan sus necesidades. Generalmente, los que hacen pasear los perros son gentes contratadas para este servicio; pocas veces son los propios dueños. 

Las personas que transitan por las aceras deben tomar muchas precauciones; más aún en las aceras estrechas y sinuosas para evitarse experiencias desagradables. Hay deposiciones perrunas regadas en los pisos: dispersas o en montoncitos de toda forma, consistencia, dimensión, color y olor. Por la cantidad de excrementos en las áreas públicas se deduce que son pocos los que recogen la mugre en bolsitas y las botan en los basureros establecidos y no en cualquier lugar como se ven en los bordes de las aceras. Estas caquitas perrunas, una vez resecas, pulverizadas y atomizadas vuelan con el viento, se pegan en la ropa, cara y cabellera de los caminantes; entran a las fosas nasales, bocas y ojos de quien sea; y también entran a las casas en las plantas de los zapatos porque muy pocos se los quitan y dejan en la entrada como se acostumbra en algunos países de Asia. 

Las manchas oscuras que parecen aceite derramado o humedad de agua debajo de los postes, bancos, graderías y esquinas son los resultados de las meadas continuas de los perros machos. Las perras, sólo abren las piernas y riegan las plantas y pisos. Toda esta asperjada se hace ante la mirada complaciente y despreocupada de sus cuidadores.

Los excrementos y orinas de perros en áreas públicas son elementos que contaminan y afectan la salud física de la gente que vive en las urbes.

Orden, respeto y tranquilidad. Algunos que hacen pasear a uno o varios perros ensartados, al ver a los transeúntes humanos caminando en sentido contrario, no los toman en cuenta; van despreocupados mirando y escuchando sus teléfonos celulares o con los ojos dirigidos a otro lugar sin hacerse a un lado con su manada. Ante esta conducta del desconsiderado cuidador de perro, el peatón es el que cede el paso bajando con todos los riesgos hasta la vía por donde transitan los vehículos o hacia algún margen que puede estar en desnivel. El peatón trata de evitar el contacto, ladrido y mordedura del perro. 

En los edificios multifamiliares los ladridos y aullidos perrunos dentro y fuera de las viviendas rompen la tranquilidad de los humanos que moran allí. Y, cuando se aconseja y exige que las mascotas deben ocupar sus espacios, algunos cinófilos (los que aman al perro) alzan la voz sin pensar sobre los cuidados y las normas de convivencia entre gentes y animales. Esto afecta a la salud mental de la gente. La cinofilia, en las urbes del Siglo XXI, va ganando a la antropofilia. 

Ley sobre los perros. Cuando un perro daña el bien común, asusta o muerde a otra mascota o gente, ¿quién debe asumir la responsabilidad legal? El uso de correa y bozal no son suficientes para controlar a los perros agresivos pasivos o activos. Por esta esta razón es urgente crear normas sobre los perros (De canibus lex). Como ciudadano que vive en la ciudad propongo algunas sugerencias: 

El perro que vive en la ciudad debe estar registrado en un organismo de la institución local con sus datos de edad, raza, color y otras características particulares. Algunas personas que gustan fabricarse sus linajes extranjeros pueden también hacer lo mismo para sus queridas mascotas. 

Debe tener un microchip para ser identificado y ubicado rápidamente cuando se pierde o se enferma o cuando es autor de algún daño. 

Debe tener su ficha de vacuna a fin de evitar la transmisión de enfermedades que puedan contagiar a su especie y a los humanos cercanos. 

Se debe crear el seguro obligatorio del perro, lo cual debe ser pagado por el dueño, para indemnizar los daños y perjuicios causados por su perro. 

Lar urbes entre ladridos y mordidas. De tanto convivir con los perros, la vida urbana, poco a poco se va volviendo en perra vida, un calificativo que encaja bien a la realidad actual de algunas urbes donde los políticos, autoridades y perros no sólo ladran, sino que también muerden ávida y placenteramente. Y en el verano de clima canicular, todos sentimos el calor como mordidas de perros.

Los filósofos, artistas y psicólogos pueden opinar mejor sobre los cinocéfalos de tiempos remotos. Como se ve, hay mucho tema no sólo para los cinólogos.







miércoles, 4 de febrero de 2026

UNA VIDA RECORDADA Y CONTADA

 

UNA VIDA RECORDADA Y CONTADA

Francisco Carranza Romero

 

Puede ser una imagen de texto que dice "AMADEO B. AGUILAR AGUILAR ಮ್ರ್.ಿ UN MOLINO DE CARAZ Y OTRAS HISTORIAS. c"

 

Amadeo Bernardo Aguilar Aguilar, autor del libro “Un molino de Caraz” (2025, Ornitorrinco Editores, Lima) narra con emotiva sencillez la realidad multiétnica y multicultural del Perú y los acontecimientos que dejaron huellas en su vida: su nacimiento en un hogar donde se habla castellano y quechua, la unidad familiar, las creencias, las fiestas populares, los vecinos y amigos, los centros educativos y otras peripecias de su vida. Las fotos familiares demuestran con objetividad sus relatos.

El ser humano inicia su vida en un lugar y fecha sin haberla programado. Nuestro nacimiento es nuestro destino. Todos, sin excepción, somos indígenas según el verdadero significado de la palabra; además, somos seres con historia de hace siglos y milenios. Y, mientras crecemos vamos sintiendo muchas simpatías y antipatías sociales, culturales, por el color de la piel y por el lugar de nacimiento. En esta situación de prejuicios hay pocos como Amadeo que asumen con orgullo sus orígenes; mientras otros viven mintiendo y arreglando sus historias.

Sobre su nacimiento e infancia junto al molino de Raupo, en Caraz, (Áncash, Perú en 1948), dice “… un universo de ruidos y silencios, de aguas y juegos, de miedos y alegrías. Allí descubrí que la vida, como la harina, se forma en la molienda constante del tiempo” (p. 19). Este libro de Amachu (hipocorístico de Amadeo) es para leerlo con calma y reflexión porque es la historia de un peruano que no ha perdido su choledad, su peruanidad aun viviendo y realizándose profesionalmente fuera del Perú. La educación escolarizada en todos los niveles, por suerte, no lo domesticó ni colonizó ni le quitó su orgullo; le sirvió para encontrarse consigo mismo. Hay dos relatos en español y quechua ancashino del Callejón de Huaylas.

Cuando cuenta sobre sus experiencias infantiles en los campos y cerros de la Cordillera Negra aparecen espontáneas, cual hongos después de la lluvia, los hipocorísticos quechuas (variación cariñosa del nombre propio: palatalización de los sonidos y reducción de sílabas), topónimos, zoónimos, fitónimos y etnónimos; entonces se siente la presencia de la lengua quechua que sobrevive gracias a la resistencia de los propios usuarios; no tanto por la política lingüística de los ministerios de educación y cultura.

La vida, como en todo grupo humano, está basada en creencias y símbolos como los siguientes: “Cuando a mediodía quería comprar sal, me decían: No hay porque tenían la creencia de que vender sal a mediodía traía mala suerte” (p. 29). “En ese tiempo… había panaderías, una pequeña bandera blanca lo indicaba” (p. 50). La banderita blanca también indicaba la venta de la chicha blanca de maní. La banderita roja indicaba la venta de carne o chicha de jora.

Conocí a Amachu en la Escuela 339 cuando llegué a Caraz, capital de la provincia de Huaylas, para continuar los estudios de primaria porque en mi pueblo de Quitaracsa había sólo hasta el Segundo Año, gran logro de mis mayores que viajaron hasta Lima para solicitar, suplicar y aligerar los trámites. Él estaba en un grado menor que yo. Era otro pie descalzo como yo. Su descripción de los estudiantes procedentes del campo es real: “Creo que todos los de la zona rural hablaban más quechua que castellano, los entendí hablar algunas veces, aunque en clase estaba prohibido hablarlo” (53). “... algunos que venían de las aldeas agrícolas… con gran esfuerzo hablaban castellano; conversaban en quechua entre ellos, en voz baja” (p. 150). Yo también era un niño que tenía mejor comunicación en quechua que en castellano. Al hablar del quechua dice algo testimonial: “Al pasar del medio rural al medio urbano fui descubriendo la importancia de esa lengua. Era normal en el medio rural, pero en la ciudad tenía poca aceptación y muchas veces era ignorada o menos apreciada” (p. 79). La educación escolarizada peruana, entonces y hoy, sigue siendo castellanizante en las clases, textos y exámenes. En las ciudades, para hablar nuestra lengua nativa teníamos que bajar la voz para evitar las burlas y menosprecios de los que, por sus apellidos y códigos de comunicación, se sentían ser los descendientes directos de los colonizadores. Ignoraban que los nombres fueron impuestos por el bautismo; los apellidos eran de los que se repartieron las tierras con gentes, animales y plantas. Gracias al qapaq (divinidad) algunos seguimos atreviéndonos a usar la lengua de nuestros ancestros cuando conviene, y la investigamos con afecto.

Amachu y yo compartimos la vida escolar de la secundaria en el seminario diocesano San Francisco de Sales, en Huaraz. Yo me salí del seminario junto a otros rebeldes seminaristas faltando un año para concluir la secundaria. Los monjes benedictinos estadounidenses -los superiores- y nosotros -estudiantes andinos- no nos comprendimos por tener el modus cogitandi diferente.

Después de seis décadas nos hemos vuelto a ver en Lima y nos hemos contado tantas aventuras vividas dentro y fuera del Perú. Es que él, después de graduarse en la Facultad de Ciencias Económicas en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima, continuó sus estudios de postgrado en Economía Rural en Bélgica. Tanto en Perú como en Bélgica laboró como pudo mientras estudiaba. Sus logros son productos de sus esfuerzos.

Nos comparte una experiencia amarga del 25 de julio de 1986 que afectó a su esposa belga y a su hijito cuando fue a recoger su nuevo pasaporte porque fue capturado y encerrado en el calabozo del Palacio de Justicia porque Bernardo Aguilar Aguilar estaba en la lista de los buscados por la policía; su argumento y protesta de que él era Amadeo Bernardo Aguilar Aguilar no cambió la situación. El 31 de julio, gracias a la intervención de un abogado, se aclaró: la persona buscada por la justicia había nacido en Huata en 1904; el detenido había nacido en Caraz en 1948. “Después de una semana salí en la tarde del viernes primero de agosto. Me quedaba un pensamiento o una pregunta: cuántas personas se encuentran injustamente en las cárceles del país y aún peor, ¿tendrán a alguien que se ocupe de ellas? (131). Es la triste realidad: La justicia se hace sorda y ciega cuando el acusado es pobre y sin influencias.

Y, gracias a este libro deduzco que el cura Vicente Aguilar fue quien subió el cerro piramidal Shuytujirca (shuytu hirka: colina piramidal) que está sobre Quitaracsa, y que demostrando su alegría por haberlo logrado gritó eufórico desde la colina un ¡aaji! que se escuchó hasta en el poblado. Desde entonces la colina es más conocida como Kuura Qaparinan (donde el cura grita el aaji de alegría). Y ese atrevido cura había sido tío de Amadeo Aguilar. Una grata sorpresa, Amachu.



lunes, 19 de enero de 2026

DANIEL HARO HARO, UNA VIDA CUIDANDO LOS OJOS

 

DANIEL HARO HARO, UNA VIDA CUIDANDO LOS OJOS

Francisco Carranza Romero

En noviembre de 2025, mi esposa y yo, enterados de la delicada salud de la hermana Amparo, fuimos a su comunidad religiosa donde ella me entregó otro libro escrito por su hermano Daniel: “Los albores y el devenir de la oftalmología en el Perú” (2025). Este oftalmólogo de rica trayectoria profesional ya había escrito “Para una historia de la oftalmología en el Perú” (2008) y “Oftalmología en la altura” (2019).

¿Quién es Daniel Enrique Haro Haro? Es un profesional que vive ayudando a la gente en la conservación de la salud visual. Nació en la provincia andina de Carhuaz

 (Áncash, Perú) en 1938. Egresado de la Facultad de Medicina de San Fernando, Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) y doctorado por la Universidad Cayetano Heredia. Ha participado activamente en la vida de la Sociedad Peruana de Oftalmología (SPO) ocupando varios cargos, vicepresidente de la Junta Directiva 1985-19876; y presidente de Junta Directiva 1995-1996. En junio de 2023 le encargaron hacer el himno de SPO, labor que cumplió con la ayuda de su hija Maribel. Mark Contreras (Universidad Nacional de Música) compuso la música del himno. Y en diciembre de 2023, con motivo de la celebración del Día de la Oftalmología fue cantado por Rocío Ardito, Gabriela Quezada y María del Carmen Quiroz.

En sus tres libros en orden retrospectivo, vemos sus investigaciones, esfuerzos y deseos de que la profesión médica esté al servicio de todos los que tienen problemas de salud.

“Los albores y el devenir de la oftalmología en el Perú” (2025). Dice con humildad: “No pretendo que esta publicación sea una historia, ni siquiera un relato o crónica del devenir oftalmológico peruano. Deseo que sea un intento de reactualizar nuestro ayer corporativo para reivindicar a personajes olvidados, a quienes les debemos gratitud eterna por lo que hicieron … a favor de la especialidad en nuestra nación” (p. 48). Nos comparte los datos históricos: “Durante el siglo XIX, la labor oftalmológica en nuestro país estaba a cargo de médicos y cirujanos generales que se encargaban de solucionar algunos problemas de la salud ocular de la población” (p. 8). La Cátedra de Oftalmología fue creada en 1871 en la Facultad de Medicina de San Fernando (UNMSM), siendo José María Romero el encargado de la cátedra. Y con justa razón él es reconocido como padre de la oftalmología peruana.

El 21 de agosto de 1941, en asamblea general, por el pedido de los médicos Jorge Valdeavellano y Carlos Yori se creó la Sociedad Peruana de Otorrinolaringología y Oftalmología juntando dos especialidades médicas. Esta convivencia duró hasta el 23 de diciembre de 1958 en que se separaron pacífica y amablemente. El 29 de diciembre del mismo año se fundó la Sociedad Peruana de Oftalmología (SPO). Presidente: Hugo Bayona. Secretario: Alberto Castillo. Y el 4 de enero de 1959 fue la Ceremonia de Instalación de la Primera Junta Directiva. Luego se preparó el estatuto y se eligió el símbolo de SPO.

El Estatuto tiene tres objetivos: 1. “Ético-deontológico y gremial, a fin de velar el ejercicio profesional con ética y decoro, … favoreciendo las relaciones personales e institucionales”.

2. “Científico-docente, para propender la elevación del nivel científico de la especialidad”.

3. “Preventivo-social, siguiendo los conceptos de medicina preventiva, … especialmente en los aspectos de la educación sanitaria” (p. 33).

El símbolo escogido para SPO fue “el ojo de Chavín” que aparece en el monolito conocido como el Lanzón de Chavín (1200 a. C.-400 a. C.). Es el símbolo de la peruanidad.  

 




“Oftalmología en la altura” (2019). Son los resultados de sus investigaciones en la región andina, cuna de las culturas Chavín, Huari, Tiahuanaco, Inca. Desde hace milenios mucha gente vive en la zona jalca (3000- 4800msnm) donde las condiciones naturales afectan a la salud. Aquí está una enfermedad ocular: Glaucoma (quyru en quechua). Carnosidad en los ojos. El doctor Haro dice con conocimiento de causa: “El pterigión, afección ocular común en el Perú, tiene una connotación importante en la sierra, no por la gravedad de sus síntomas y signos, ni por las dificultades en su tratamiento quirúrgico, sino por la falta de atención primaria de salud ocular y la inequidad por parte del Estado en la atención de miles de pobladores de los andes, convirtiéndose en causa importante de ceguera” (p. 84). A mayor altura menos glaucoma; pero, “En el Perú, se calcula que el 20% de ciegos es por causa del glaucoma y se considera que igual porcentaje de la población… está en peligro de contraer esta terrible enfermedad. Por estas razones, el glaucoma debe ser detectado a tiempo” (p. 104). Él, como andino que es, denuncia el centralismo en el servicio de salud. “El pterigión, … causa de la ceguera en las comunidades andinas, por falta de humanidad y por inequidad en la atención de la salud de los peruanos que viven en lugares alejados” (p. 15). “En mi largo trajinar por la sierra desde niño… he mirado al Perú Profundo, donde millones de peruanos y peruanas viven privados de la atención primaria de salud, y tratan de aliviar sus dolencias como pueden por la inequidad existente” (p. 173). La injusta realidad social del Perú donde el paciente del área rural, para recibir la atención médica, debe hacer el largo viaje a la urbe donde están localizados los centros de salud.

Por sus servicios en las áreas rurales conoció las enfermedades del ojo de los pobladores y las formas de tratamiento tradicional. Además, pudo conocer las creencias relacionadas con la vista como “mal de ojo” u “ojeo” (ñawipa: lit. por el ojo, por la mirada). Descarga afectiva visual descontrolada a un ser que aún no ha desarrollado su defensa. Por algo, los que saben aconsejan que los niños no deben ser expuestos antes de que cumpla los tres meses. Y la persona mayor debe evitar la expresión de mucho afecto visual, verbal y gestual, ni tener mucho contacto porque lo enferma. La adultez no es sólo acumulación del tiempo vivido, es también la acumulación de conocimientos para no afectar a su comunidad. Los síntomas del mal de ojo: fiebre, vómito, diarrea, anorexia, insomnio y abulia. Su curación tradicional: Una persona mayor -después de lavarse bien las manos- frota todo el cuerpo del niño con granos de sal natural. Después de este acto el paciente comienza a sentir alivio: la fiebre comienza a bajar lentamente, cesan el vómito y la diarrea, se abre el apetito, duerme bien y tiene ganas de vivir que las expresa con sus movimientos y expresiones alegres.

La salud, educación y seguridad, desgraciadamente, no llegan a los pobres y a las zonas pobres y se han convertido en actividades privadas porque son buenos negocios.

“Para una historia de la oftalmología en el Perú” (2008). Hablando de los errores de los médicos que producen enfermedades (iatrogenia) reconoce con humildad que “La iatrogenia está latente en cualquier especialidad… Es evidente que cuando se recurre a la oftalmología, en forma arbitraria y desmedida, se originan … padecimientos iatrogénicos” (p. 186). “Algo más grave sucede en aquellas personas que hacen mal uso de lentes de contacto; ya que en Perú no sólo lo recetan los médicos oftalmólogos, sino los optómetras y ópticos” (p. 187). Y denuncia la cruda realidad: “A diario se comprueba… que individuos que no poseen la menor preparación ni la titulación correspondiente ejercen ilegalmente la especialidad, poniendo en grave riesgo la salud ocular de la población que acude a sus “consultorios” (p. 190). Es el intrusismo de gente que comercializa la salud.   

Compartimos las preocupaciones del doctor Daniel Enrique Haro Haro. Los centros educativos en todos los niveles: Primaria, Secundaria, Estudios Superiores deben tener el objetivo principal: formar personas útiles para sí mismos, para la sociedad y para la naturaleza. Pero, como se ve en la realidad, el proceso educativo está formando a gentes sólo para ganar dinero como sea; porque el dinero se ha convertido en la medida del ser humano.

 Referencias

Haro Haro, Daniel Enrique: 2008 “Para una historia de la oftalmología en el Perú”. Lima, 

    Forma e Imagen.

    2019 “Oftalmología en la altura”. Lima, RF Publicaciones y servicios.

    2025 “Los albores y el devenir de la oftalmología en el Perú”. Lima, Lucent Peru S.A.C.