VOCES E IMÁGENES EN LOS NIÑOS DEL CAMPO Y DE LA URBE
Francisco
Carranza Romero
El ser
humano es una criatura espacial y temporal. Cada espacio donde él habita no es
sólo una realidad geográfica que sustenta a toda la biósfera. En esta realidad física
hay también mensajes que deben ser compartidos; pero hay que saber oír, ver y
comprenderlos. Y las gentes del área rural y de la urbe viven experiencias
diferentes.
LA
GENTE DEL ÁREA RURAL
Este escrito se basa en mi propia
experiencia vivencial en el campo (comunidad campesina de Quitaracsa, Áncash,
Perú), especialmente en mi etapa infantil hasta el Segundo Año de Primaria, Escuela
Mariano Melgar N° 86543, base
de mi vida. Sé de dónde vengo y no olvido ni me avergüenzo de mi origen.
Contacto con la naturaleza. Los pobladores andinos de las
áreas rurales, desde la niñez, están en contacto diario con la naturaleza. Por
conocer a la naturaleza sacan provecho de la altitud y de los variados climas.
Los meses de lluvia sirven para el majadeo, barbecho y siembra. Los meses secos,
especialmente julio y agosto, son buenos para procesar los alimentos mediante
el resecamiento como la papaseca (kukupa), ocaseca (qawi), chuño
o tocosh (tsunu o chuñu, tuqush), charqui o cecina; para
hacer las labores comunales que, en algunos lugares las llaman “república” (res
publica: bien común): arreglo y limpia de represas, cauces de acequias y ríos;
arreglo de caminos y puentes; mantenimiento de la casa comunal, escuela,
capilla, posta médica, y plaza. En otras fechas hay la labor comunal de
siembra, deshierbo, aporque y cosecha.
Experiencia comunitaria. En la actividad comunal hay la
participación obligatoria de un representante por familia que puede ser varón o
mujer, anciano o niño. Los mayores hacen las labores pesadas; las mujeres
preparan la comida; los menores ayudan en todo lo que pueden; los ancianos
asesoran por la experiencia que tienen. Todos, reunidos, oyen y ven los
mensajes del mundo exterior (la naturaleza); también de sus mundos interiores
compartiendo noticias, bromas y proyectos. Los adultos comparten la chicha,
aguardiente y coca. Los músicos alegran la labor con sus flautas y tambores; y,
al final de la faena, todos bailan con alegría. Así todos se realizan como
seres humanos solidarios interpretando e internalizando las voces e imágenes
que se manifiestan en sus vidas.
Los niños del área rural. Por vivir rodeados de sus familiares y de los
miembros de su comunidad, asimilan las conductas y los códigos lingüísticos y
gestuales de ellos. Así adquieren la lengua y cultura maternas. Por participar
en las labores comunales categorizan a sus mayores: inteligentes y torpes; responsables
y mogollones; serios y bromistas.
Por estar en contacto diario con la
naturaleza, ella juega un papel importante en sus vidas. Los niños quechuas
antropomorfizan a la naturaleza y se familiarizan con ella. A la tierra y al
agua las llaman madre: Patsa (Pacha) Mama (Madre Tierra), Yaku Mama
(Madre Agua). Al sol y al viento los llaman padre: Inti Yaya (Padre Sol),
Wayra Yaya (Padre Viento). Este trato familiar se extiende a la Luna (Killa
Mama: Madre Luna), a cada estrella (pani quyllur: hermana estrella)
y a la montaña (apu hirka: montaña que protege). Y, cuando los señalan
con la mano, lo hacen con mucho respeto abriendo la palma con los dedos juntos.
Los animales y cosas son señalados con el índice turgente y otros dedos
cerrados. Si así lo hicieran al Sol, a la Luna y a las estrellas sería una demostración
de ignorancia y falta de respeto porque no son animales ni cosas; además, es
como estar contándolos y apropiándose de un bien común.
Con este criterio, tampoco las
personas son señaladas con el índice turgente porque merecen el respeto; no son
animales ni cosas. Este gesto sólo está permitido cuando se acusa a alguien por
alguna falta.
La venia también es una muestra de
respeto a la naturaleza y a los mayores. Después de un reposo en la cueva
hospitalaria; al abandonarla se expresa la despedida haciendo la venia: Cueva,
me voy agradecido.
No se pasa sobre la gente ni animal
porque es falta de respeto. Para hacerlo, se pide permiso. Si un perro mordiera
al que está pasando sobre él, la gente dirá: Bien hecho, el perro también
merece el respeto. Por este pensamiento no se pisotea real ni simbólicamente a
la gente.
Por estar en contacto diario con
las plantas y animales, los conocen bien y sacan provecho de ellos; los evitan
cuando pueden afectarlos. Cuando bailan, imitan los pasos no sólo de sus
mayores sino también de algunos animales como venados y caballos; cuando abren
los brazos alzan los bordes de sus ponchos o mantas y los mueven como alas, así
imitan a las aves en pleno vuelo. En el momento del zapateo imitan a la lluvia
torrencial que cae, o como el acto de aplanamiento del piso para morar.
Estos niños, cuando crecen, se ven
obligados a abandonar su comunidad y se trasladan a las ciudades por razones de
estudio o labor. Así, estos niños o jóvenes, poco a poco, se van dando cuenta
de las diferencias culturales: respeto a la naturaleza y a los mayores, gestos
con la mano y el uso de la venia. Para adaptarse en la ciudad, tienen que
aprender a imitar a los citadinos. En esta realidad intercultural los
pobladores del campo comparan la suya con la otra; pero, por la presión
escolar, social y de los medios de comunicación, pocos valoran lo aprendido durante
la infancia.
Con la carretera y electricidad
llega la “civilización” a las áreas rurales. Así, poco a poco la ciudad va
contagiando sus virtudes y defectos.
LA
GENTE DEL ÁREA URBANA
La gente del área urbana se siente
superior a la del área rural porque en la urbe están localizadas las
instituciones del poder político, económico y educativo; los mejores servicios
y oportunidades laborales con mejor salario... Así, la ciudad es considerada
como un modelo.
Los niños de la urbe. Desde que pueden ver y oír, interactúan
con los familiares y cosas que están en sus cercanías como los juguetes con
quienes juegan y conversan. Con el transcurso del tiempo van viendo y oyendo
imágenes que salen en los aparatos electrónicos. Así pasan el tiempo. Al
movilizarse fuera de sus viviendas conocen el paisaje urbano de gentes y
vehículos en las calles ruidosas, ambiente de poca seguridad.
Los niños urbanos del Siglo XXI,
generalmente, se distraen con los programas que salen en los aparatos electrónicos;
y algunos, de tanto ver y oír esos programas, se vuelven adictos de las
plataformas digitales; por eso, no dejan sus aparatos aun estando en la mesa a
la hora del desayuno, almuerzo y cena. Para tener acceso a ciertos programas
tienen que registrarse pagando. Los programas que distraen con fantasías y con retos
virales hasta con el recurso de la violencia influyen a los niños más que los
familiares y profesores. Sus modelos son los personajes de los programas que
ven y oyen. Estamos siendo testigos de la aparición de los niños híbridos o
humanos robotoides que no viven ni deciden ni actúan sin la intervención de la
máquina y de la inteligencia artificial. De tanto ver las frecuentes ofertas
comerciales de ciertos productos, sus mentes se van formando en consumidores y
obedientes de los retos que les propone la máquina. ¿Son los seres
posthumanistas? “La raíz de estos problemas es una mentalidad tecnocrática y
posthumanista, que tiende a considerar a la persona como un objeto manipulable”.
(León XIV, Magnifica humanitas, 172).
Estamos viendo la aparición de
nuevas enfermedades mentales. Al respecto, algunas preguntas: ¿Los que crean y
dirigen los programas virtuales para los niños tienen los conocimientos
suficientes de Pedagogía y Psicología Infantil? ¿Los programadores y difusores
asumen su responsabilidad de las consecuencias? ¿Hay alguna institución de control
y sanción de estos programas? ¿Hay el uso ético y responsable de los programas?
¿Estamos, realmente, ante una nueva patogenia virtual?
Así, en nombre de la civilización y
la modernidad muchas ciudades crecen destruyendo montañas y la biósfera. Sobre
estas áreas destruidas se construyen viviendas de cemento, metal, plástico y
vidrio. Una demostración de que no hay educación del cuidado de la naturaleza.
CONSIDERACIONES FINALES
1. Las áreas rural y urbana son dos
realidades que deben complementarse porque de ellos depende el verdadero progreso
humano.
2. Los currículos escolares deben
ser integrativos y no sólo urbecéntricos. Así como los del campo llegan a la
ciudad a aprender; los citadinos deben ir al campo a conocer a la naturaleza y comprender
la realidad mágica y comunitaria de la gente del campo para valorarla.
REFERENCIA
León XIV, 2015, “Magnifica
humanitas”.
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