martes, 10 de septiembre de 2019

EUGENIO CHANG RODRÍGUEZ EN EL RECUERDO

     EUGENIO CHANG RODRÍGUEZ EN EL RECUERDO  



Foto en el día de la presentación del libro “Homenaje a Eugenio Chang Rodríguez”.
Francisco Carranza Romero

El 4 de agosto de 2019, cuando estaba de visita en Corea, recibí la triste noticia: “Falleció el doctor Eugenio Chang Rodríguez en Nueva York a los 94 años”. Inmediatamente me comuniqué con su esposa, doctora Raquel, quien me confirmó la noticia. Era verdad. Don Eugenio se nos adelantó en el viaje, cruzó la frontera invisible y fatal entre la vida y la muerte, cruzó el río también invisible que separa las dos vidas. Y ahora, a un mes de su partida, lo recuerdo como en la escena de nuestro primer encuentro en Brown University donde participamos en un evento académico organizado por el peruano Julio Ortega. Desde esa oportunidad mantuvimos continua correspondencia y nos reencontramos muchas veces en los eventos académicos en Europa y América. En Lima también nos reunimos varias veces, ya en su casa o en la mía. Él siempre estaba dispuesto al encuentro y al diálogo amigable y ameno.

Durante su larga vida siguió leyendo, reflexionando, escribiendo y enseñando en las aulas o fuera de ellas. A pesar de su vasto conocimiento no daba la imagen de uno que sabe mucho sino de uno dispuesto a compartir con generosidad lo que sabe; pero también, dispuesto a oír a otros para intercambiar ideas y seguir aprendiendo.

Su pueblo natal Paiján (departamento de La Libertad) y la ciudad de Trujillo lo vieron crecer y madurar. Y cuando retornó tantas veces los recibieron con afecto.

Él ha aportado mucho como lingüista e investigador de la Literatura y Cultura Peruana. ¿Quién no ha consultado “Collins Spanish-English English-Spanish Dictionary”? Gracias a él fueron conocidos los pensadores peruanos como Manuel González Prada, José Carlos Mariátegui, Antenor Orrego, Víctor Raúl Haya de la Torre (con quien compartió muchas vivencias acompañándolo en su viaje a Europa). Su libro “Latinoamérica: su civilización y su cultura” fue traducido a la lengua coreana. Y, como descendiente de los chinos también investigó y publicó “Diásporas chinas”.

Los colegas Thomas Ward y Richard Cacchione tuvieron la buena iniciativa de preparar un reconocimiento al peruano ilustre con la participación de sus amigos. Así lograron publicar el libro “Homenaje a Eugenio Chang Rodríguez” (2017, Universidad Ricardo Palma, Lima) donde yo también participé con el artículo “El demonio en los Andes”. Ahora cito algunas opiniones que aparecen en este volumen. Harry Belevan-McBride escribe: “Eugenio Chang Rodríguez es una persona afable, con una cordial sonrisa estampada en su rostro tras el cual se disimula una cierta timidez que contrasta con el fogueado catedrático de reconocida trayectoria intelectual” p. 17. Wilfredo Chau Villanueva (Exministro de Trabajo del Perú) dice: “Antes de conocer personalmente a Eugenio y leer sus escritos, lo tenía muy presente debido a los constantes encomios que de él nos hacía Víctor Raúl Haya de la Torre a los jóvenes de mi generación”, p. 31.  Gonzalo Gutiérrez Reinei escribe: “Eugenio Chang Rodríguez es ciertamente un hijo de la síntesis de culturas” p. 56. El día de la presentación del libro estuvo presente el entonces presidente Pedro Pablo Kuczynsky. Fue una reunión muy emotiva.

Su ausencia física nos duele a quienes lo conocimos y compartimos unos momentos gratos; pero, recordarlo con afecto y gratitud por su amistad y sus aportes a los estudios americanos es tenerlo muy cerca. El recuerdo grato es nuestra oración: Kananqa, shuutarillay (Ahora, descanse, por favor). 

La doctora Raquel Chang Rodríguez es quien nos da fuerza y ánimo: “La tarea de investigar debe seguir adelante con Ud. y otros interesados en las variadas aristas de la cultura peruana”.











viernes, 14 de junio de 2019

FRANCISCO MIRÓ QUESADA EN EL RECUERDO

FRANCISCO MIRÓ QUESADA EN EL RECUERDO 


Francisco Carranza Romero

En la mañana friolenta y neblinoza de Lima, 11 de junio de 2019, un canal de televisión dio un breve anuncio del fallecimiento del ilustre peruano Francisco Miró Quesada Cantuarias. Impactado por la noticia lo he recordado con mucho afecto porque lo conocí en varios escenarios. 

En su condición de Ministro de Educación durante el primer gobierno de Fernando Belaunde Terry (década 60) llegó al viejo local de la Universidad Nacional de Trujillo (UNT), entre las calles Almagro e Independencia. Muchos estudiantes lo esperaban para  oír la conferencia programada. Sin embargo, apenas entró al patio apareció un grupo de estudiantes apristas gritándole: ¡comunista!, ¡comunista! mientras le lanzaba huevos y polvo blanco. El grupo que lo acompañaba lo defendió de mayores violencias. A pesar del mal momento, limpiándose como pudo, dio la conferencia en el Paraninfo repleto de estudiantes mientras afuera seguía el griterío de los simpatizantes de los partidos APRA y UNO (Unión Nacional Odriísta), perdedores en la contienda electoral; después, aliados en el congreso. Los apristas eran, realmente, unos búfalos furiosos. 

En la década 70 el doctor Francisco Miró Quesada participaba como ponente en varios simposios organizados por el Departamento de Idiomas y Lingüística de la Universidad Nacional de Trujillo. En los eventos dialogaba con los docentes y estudiantes sin mostrar los aires de superioridad. Hablaba como un hermano mayor: sonriente, entusiasta y modesto. Él conocía bien los problemas de nuestro Perú, amaba nuestras culturas y gozaba con los avances de investigación de las lenguas y culturas indígenas. Con la colaboración del docente Ernesto Zierer publicó el libro “Siete temas de lingüística teórica y aplicada” (UNT, 1976). Sobre este libro escribí una reseña en la revista LENC (Lenguaje y Ciencias) de UNT.

Cuando alguien se acercaba para consultarle algo o para solicitarle una carta de recomendación para presentarse a una beca, él lo atendía, conversaba amablemente, aconsejaba y animaba porque tenía la experiencia de los estudios fuera del Perú. 

Ya en el siglo XXI tuve la suerte de volverlo a ver en la presentación de un libro editado por el Congreso de la República. Cuando me acerqué para saludarlo y agradecer por sus conferencias en UNT, me miró fijamente e hizo esfuerzos por recordar los tiempos idos y a los colegas de Trujillo. ¡Qué alegría saber que hay gente que me recuerda con gratitud!, fueron sus palabras emotivas.  

Maestro, ahora descanse en paz. Usted ha dejado muy buenas lecciones a muchas generaciones.



domingo, 19 de mayo de 2019

LA OCIOSIDAD ES LA CAUSA DEL ROBO Y LA MENTIRA


LA OCIOSIDAD ES LA CAUSA DEL ROBO Y LA MENTIRA

Francisco Carranza Romero



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La sociedad peruana, desde antes la llegada de los españoles, ha valorado tres principios quechuas que norman la vida: Ama qila. Ama Suwa. Ama Llulla.

Sin embargo, los peruanos de hoy, al mencionar hablando o escribiendo los tres principios morales que fueron las columnas principales de la sociedad prehispana, citan por citar y con mucha arbitrariedad sin pensar en los criterios de orden y lógica.

Reflexionando con calma y conocimiento de la cultura quechua, comprendemos que hay un orden de causa y efecto. Alli churakuyqa yaku rurinchawpis kaykan (El buen orden está aun dentro del agua) es un proverbio que enseña que hay orden en donde sea. ¿Acaso cuando aprendemos los Diez Mandamientos de Moisés lo hacemos en desorden y arbitrariedad?

En mi condición de bilingüe coordinado quechua-español, cito y explico los tres principios quechuas respetando el orden como me enseñaron mis mayores.

1. AMA QILA (Quechua I: Áncash, Lima, Huánuco, Pasco) o AMA QILLA (Quechua II: abarca otras regiones de Perú, Bolivia, Argentina, Ecuador y Colombia) que en los textos hispanos aparece como AMA QUELLA: No ser ocioso.

Es la simplificación de la expresión Ama qila kaytsu (QI) o Ama qilla kaychu (QII) que significa: No seas ocioso: No seas haragán. No seas flojo. No seas perezoso. Es un mandato vital que tiene dos elementos de negación: 1. Ama: no prohibitivo. 2. -tsu (Q I) o su alomorfo -chu (Q II): morfema sufijal de negación. Por esta razón, la traducción completa de este principio es: De ninguna manera seas ocioso.

Los siguientes cuatro calificativos quechuas referentes al ocioso demuestran cuán detestable es este defecto: qila (ocioso); ushma, wichwi (que hasta “suda” por estar ocioso), pacharakuq (pacharaco, comechado, mantenido).

En la vida rural vemos que quien no cultiva plantas comestibles ni cría animales no puede tener la comida a su alcance. Aunque sea un recolector, para recoger los frutos silvestres y capturar animales también debe moverse de un lugar a otro, fabricar sus herramientas para tener éxito en la recolección y para depositar lo recolectado. Quien no labra la tierra removiéndola, sembrando, regando y cuidando lo sembrado sufre por el hambre. Quien no cría animales no se beneficia de ellos en el momento que necesita. Y, después de recoger su comida debe saber conservarla para tiempos de escasez.

Como cambia el clima, el cuerpo necesita protección; entonces el homo faber hace sus ropas con los materiales a su alcance.

Para protegerse del mundo exterior (viento, sol, insectos, animales y otros seres humanos) construye su vivienda, aunque sea aprovechando la cueva natural. Como ser humano necesita vivienda que cuesta su construcción, arreglo, alquiler o compra.

El principio quechua Ama qila (No seas ocioso) es la confirmación de que la ociosidad es la madre de todos los vicios; pensamiento no sólo andino, sino universal. En lengua latina hallamos los siguientes proverbios: Otiositas docet malitiam, et mater vitiorum est (La ociosidad enseña la maldad, y es la madre de los vicios). Otiositas nultorum malorum est ocasio (La ociosidad es la ocasión de muchos males). Otiositas mater vitiorum, et noverca virtutum est (La ociosidad es madre de los vicios, y la madrastra de las virtudes).

Por este principio sabemos que el homo sapiens debe estar en labor continua para solucionar sus necesidades básicas: comida, vivienda y ropa. La labor dignifica al ser humano. Así el homo sapiens tiene el destino de transformar el mundo para sobrevivir. Pero, el acto de transformar la naturaleza, de ninguna manera significa la destrucción de ella.

2. AMA SUWA. En los textos hispanos está transcrito AMA SUA: No seas ladrón. Quien no cultiva vegetales comestibles ni cría animales, sacia su hambre apoderándose lo ajeno. Para protegerse de las inclemencias del tiempo roba ropas ajenas. Para vivir necesita expulsar a los dueños de las viviendas; es decir, robar las casas de otros.

Los calificativos quechuas para el ladrón son: lapta, yata (que palpa y toca lo ajeno), mishi (gato). Algunos ladrones tienen el apodo mishi antecediendo a sus nombres: Mishi Makshi, Mishi Tulli  (Gato Máximo, Gato Toribio).

El robo es el último y peor recurso de un ser humano porque es la falta de respeto a sus semejantes y a su comunidad. El robo consiste en arrebatar lo ajeno, estafar, extorsionar, secuestrar y hasta matar a quien defiende sus pertenencias.

El ladrón destruye la moral social de la convivencia en mutua confianza.

3. AMA LLULLA: No mentir. No buscar justificaciones a la ociosidad y ladronería.

El ocioso que roba, cuando es descubierto, miente y se justifica. Llega a la peor bajeza porque, en vez de asumir su error, recurre a su ingenio para engañar. Y, quien miente una vez con éxito, seguirá mintiendo cuantas veces sea descubierto y acusado.

El mentiroso es embaucador, estafador, tramposo que rompe el valor de la palabra hablada o escrita. Es el caradura que recurre al juego de palabras y dice sin ningún sonrojo: La promesa no es compromiso; y el compromiso no es obligación. Que los ilustres profesionales de ley hagan la “interpretación auténtica”.

No hay una característica antropológica del ocioso, del ladrón y del mentiroso; pueden ser pobres o ricos, de corbata o sin corbata, de camisa de cuello blanco o de cuello azul, de piel blanca o negra, de ojos grandes o de ojos rasgados, del Hemisferio Norte o del Hemisferio Sur, creyente en dios o ateo. Los ociosos, ladrones y mentirosos son seres degradados de su humanidad.






jueves, 25 de octubre de 2018

PERUANOS Y COREANOS DEBEMOS CONOCERNOS MEJOR

PERUANOS Y COREANOS DEBEMOS 
CONOCERNOS MEJOR

 Francisco Carranza Romero (23/09/2012) 



Este escrito tiene dos partes: La primera es sobre un escándalo deportivo actual; la segunda es un recuerdo a un amigo coreano. 

Indisciplina y violencia física 

En la última semana de agosto de 2012 la prensa peruana se ha ocupado de la denuncia de una atleta peruana de haber sido agredida físicamente por el entrenador surcoreano Pedro Kim durante los Juegos Olímpicos de 2012 en Londres. “No voy a permitir que un tipo extranjero venga a abusar aquí en mi país […] Pelearé hasta que el profesor Kim sea despedido por el IPD (Instituto Peruano de Deporte)”. Días después, 14 deportistas peruanos redactaron un documento y lo enviaron a IPD lamentando la indisciplina y apoyando la calidad profesional del señor Kim. 

Estos hechos y comentarios me inducen a juzgar los acontecimientos con mente fría y sin tanto nacionalismo ni xenofobia. .

La atleta Tejeda quería ir a ver la carrera de su amigo peruano. El señor Kim la prohibió porque ella necesitaba concentración porque tenía que competir pronto. Ella desobedeció y se fue a hacer lo que le dio la gana. El intercambio de palabras y hasta la denunciada violencia fueron las consecuencias.

El 15 de septiembre el IPD destituyó al señor Kim de su puesto; la indisciplinada atleta quedó satisfecha. 

Como peruano que he laborado en una universidad coreana por más de un cuarto de siglo conozco algo sobre los coreanos y su cultura, por eso me atrevo a opinar con imparcialidad sobre este caso: 
1. La indisciplina de algunos deportistas peruanos ya sea en deportes individuales o de grupo, no es ninguna novedad. La misma prensa que un día los idolatra, los destroza días después especulando y demostrando las indisciplinas. Todo vale para el mundo del sensacionalismo periodístico. 

2. Tampoco es novedad la actitud prejuiciosa de algunos coreanos hacia el extranjero, especialmente si no es de un país rico. Y si estos prejuiciosos llegan al Perú, fuera de su actividad de comercio, cometerán muchos errores de trato hacia los peruanos. 

3. El apoyo de otros deportistas peruanos al señor Kim es elogiable porque ellos no lo juzgan con criterio nacionalista y racista. Vale mucho ser amigo de la verdad que del paisano. 

Y, aprovechando esta oportunidad, pregunto a los coreanos: Si este caso similar hubiera ocurrido con un peruano en Corea, ¿cuántos coreanos lo habrían apoyado públicamente? 

Perú y la República de Corea (Corea del Sur) mantienen las relaciones diplomáticas por más de cuatro décadas. Los dos países son firmantes de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (Artículo 2, inciso: 1. Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.).

Son miembros de APEC y han firmado el Tratado de Libre Comercio. Durante el tiempo de las relaciones ha habido las visitas recíprocas de los presidentes, ministros y otras autoridades para estrecharse las manos, abrazarse efusivamente, hacerse venias, pronunciar bellos y emotivos discursos y firmar los documentos de buenas intenciones. Sin embargo, ¿cuánto se ha avanzado en el mutuo conocimiento de ambos pueblos? Sin el mutuo conocimiento no se puede esperar el mutuo respeto. 

Es de suma urgencia iniciar la investigación de los textos escolares peruanos de primaria y secundaria para comprobar cuánto y qué se dice de Corea, que no es China ni Japón aunque esté en el mismo continente. Asimismo, se debe investigar los textos de primaria, Middle School y High School de Corea para comprobar lo que se dice de Perú. Sólo después de esta investigación opinaremos cuánto esfuerzo hemos hecho por conocernos. 

Precisamente ahora recuerdo al sacerdote Francisco Marroquín, quien, en el siglo XVI y desde Guatemala, escribió al rey de España sugiriendo el trato que se debía dar a los pobladores del Nuevo Mundo: “Conocerlos hemos. Conocernos han”. Y, siguiendo ese consejo, la labor de los peruanos y coreanos del siglo XXI debe ser: Conocernos hemos. Por no conocernos bien nos faltamos el respeto y nos miramos como seres muy diferentes siendo del mismo grupo zoológico humano.


Maestro Chongjun Yi en el Recuerdo

Ni bien terminaba el mes de julio de 2008, en Lima me enteré de la muerte del maestro Chongjun Yi. En el mes de marzo de 2008 cuando estuve en Corea, a pesar de su avanzada enfermedad, me llamó para decirme con mucho esfuerzo unas palabras de amistad. Fueron suficientes pocas palabras para expresar los sentimientos. El verdadero amor no necesita muchas palabras. Al despedirnos sentimos y sospechamos algo fatal. Nuestro silencio, en los dos extremos del fono, lo expresó todo. Desde entonces siento su ausencia, aunque sus palabras pausadas, casi cantadas y graves siguen resonando en mis oídos: “Profesor Carranza, Corea también es su patria, y yo me siento su hermano mayor”. 

Aunque desde el 2007 yo ya estaba enterado de la grave enfermedad del maestro Yi, la noticia del mes de julio de 2008 me estremeció. Desde entonces he recordado con más cariño nuestra relación de largos años recorriendo Corea: montañas, lagos, ríos, playas, templos budistas, parques y los restaurantes de comida típica. 

Durante el proceso de la traducción “El paraíso cercado” (Trotta, Madrid, 2003) y “Canto del oeste coreano” (Trotta, 2004) “La fiesta” (en prensa) fui conociendo y admirando a este autor que escarbaba, reflexionaba y exponía muy bien la cultura coreana. Por este motivo tuvimos varios encuentros en un ambiente de sincera relación. Así fuimos cultivando la amistad personal y familiar. En cada encuentro intercambiamos nuestras experiencias de hombres nacidos en el campo y que vivíamos en la ciudad añorando nuestras infancias entre montañas, ríos, mares y en un ambiente de un colectivismo solidario. Y los dos estuvimos de acuerdo en calificar que la ciudad moderna, aunque nos daba la comodidad, nos convertía en individualistas y solitarios. 

Por la traducción de la novela “El paraíso cercado” tuve la oportunidad de conocerlo como un escritor comprometido con su pueblo y su historia en los difíciles tiempos de la dictadura militar. Cuando, por la sugerencia de la editorial Trotta, cambiamos el título original (El paraíso de ustedes) por “El paraíso cercado”, el maestro Yi se emocionó y dijo: “¡Exacto! Este título interpreta muy bien el contenido y la verdadera intención de mi libro; por algo utilizo la palabra ´cercado’ al final de cada capítulo. Al fin, por este título en castellano siento que mi libro ha sido comprendido”. Es que esta novela expone que el pueblo tiene el derecho de ser consultado para elegir y construir su propio camino, y que nadie tiene el derecho de imponerle el camino porque ni la divinidad impone el paraíso. La libertad es un derecho que debe ser respetado. 

La isla de los leprosos, escenario de la novela, es un microcosmos de Corea bajo la dictadura militar: Los leprosos rechazan la comodidad y modernidad que el “humanitario” director les impone sin consultarles. 

“La fiesta”, una novela motivada por el fallecimiento de su propia madre, relata la concepción del acto de morir, la muerte y el rito funerario coreano. Esta obra también me emocionó. Es que los ritos fúnebres de Corea se parecen mucho a los ritos andinos. Cuando le conté sobre los ritos de mi pueblito andino, él se puso serio y habló con mucha seguridad: “En los mitos y en los ritos están las raíces más profundas de la humanidad. Y sólo con la reflexión profunda y seria llegamos a comprender que todos somos hermanos”. El maestro Yi no sólo era un artista, también era un antropólogo serio. Entonces, espontáneamente, nos levantamos de nuestros asientos, nos estrechamos las manos y nos abrazamos. Saboreando la deliciosa ensalada quimchi brindamos el licor makoli (la chicha coreana) con el deseo de que el amor universal supere las discriminaciones entre los seres humanos. Es que él ya estaba enterado de la política segregacionista hacia los extranjeros en muchas instituciones coreanas. Gracias a él y a otros amigos coreanos llegué a amar al pueblo coreano. 

Después de conocer la Península de Yucatán el maestro Yi nos comenzó a relatar pedazos de un relato que estaba madurándolo. Sólo después de siete años de reflexión, de pelea con las palabras, imágenes y de aproximación a los escenarios y personajes nos mostró el relato concluido: Un viejo inmigrante coreano descubrió en una pequeña isla de Yucatán una flor coreana, desde entonces el abuelo se ausentaba por días porque se iba a visitarla y a contemplarla soñando en la lejana isla Cheju, ubicada al sur de la península coreana. Ese anciano señor Corona, adecuación del apellido Ko a la realidad mexicana, vivía añorando su pueblo natal. Es que el maestro Yi había comprendido el sufrimiento interminable y silencioso de los extranjeros en tierras ajenas, especialmente cuando no son incluidos. 

Aunque pasen los años no olvido al hermano mayor coreano, y sigo diciendo mi despedida final en el último diálogo por teléfono: “Hasta luego maestro Yi”. Estoy seguro que él, desde la otra dimensión cercana, me sigue contemplando como a un hermano. “Coreano” o “peruano”, son simples marcas del lugar de nacimiento y del contexto sociocultural. Ahora prefiero el silencio, las palabras sobran. Frater Yi, requiesca in pace. 




Maestro Yi Chong-Jun (como es más conocido: el apellido precediendo al nombre)







jueves, 11 de octubre de 2018

LIBRO TESTIMONIAL Y CRÍTICA SINCERA SOBRE VÍCTOR RAÚL HAYA DE LA TORRE

LIBRO TESTIMONIAL Y CRÍTICA SINCERA SOBRE HAYA DE LA TORRE




Francisco Carranza Romero

La lectura del libro “Víctor Raúl Haya de la Torre: Bellas Artes, Historia e Ideología” (2018, PUCP, Lima) del doctor trujillano Eugenio Chang-Rodríguez es un material valioso porque ayuda a conocer muchos datos testimoniales del fundador de APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana) porque el autor conoció y compartió momentos con 
http://Víctor Raúl Haya de la Torre (VRHT).

El libro presenta los datos biográficos de VRHT en orden cronológico: Nació el 22 de febrero de 1895, en Trujillo, área geográfica de la cultura precolombina mochica. Desde su infancia visitó las ciudades de barro como Chanchan, contempló las bellas cerámicas que reproducen imágenes de vegetales, animales y gentes con sus costumbres y actividades (pesca, deporte en caballitos de totora, enfermedades, curanderismo y momentos de alegría y tristeza). Después, al recorrer el Perú conoció otros vestigios de construcciones y artes como la antigua industria textil del Perú.

Creció saboreando la rica realidad artística: las artes plásticas de las escuelas europeas que trajeron los españoles y que fueron bien recibidas y peruanizadas por el talento de los peruanos; los géneros de música precolombina, europea y africana.

Fue estudiante del colegio Seminario San Carlos y San Marcelo (Trujillo) donde tuvo como condiscípulos a Macedonio de la Torre, Alcides Spelucín…

En 1913 ingresó a la Universidad Nacional de Trujillo donde conoció al poeta César Vallejo Mendoza con quien cultivó una gran amistad como para defenderlo de las críticas injustas y prejuiciosas de los aristócratas trujillanos (“Hiperestesia. Mis primeros versos para César Vallejo”. Publicado con el seudónimo Juan Amateur). Una leal demostración amical. Vallejo y VRHT fueron miembros del 
Grupo de Trujillo que más tarde se convirtió en Grupo Norte donde también estuvo Ciro Alegría.

En 1917 se trasladó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Fue vicepresidente de la Federación de Estudiantes del Perú. Con este cargo conoció a Manuel González Prada, quien entonces era el director de la Biblioteca Nacional. En sus años de universitario estuvo en contacto con los movimientos de los estudiantes y obreros. Estas actividades lo hicieron “peligroso” para el gobierno; por eso se vio obligado a huir del país y vivir en el exilio donde ganó muchas relaciones y experiencias. En México se relacionó con José Vasconcelos, Diego Rivera, Jesús Silva Herzog…

La dictadura de Luis Sánchez Cerro (1931-1933) persiguió a VRHT y a los miembros de PAP (Partido Aprista Peruano, fundado en 1930). En 1932 los impacientes e idealistas obreros apristas se sublevaron y enfrentaron al ejército. Como es de suponer, fueron vencidos, capturados, torturados y fusilados. El Búfalo Barreto (Manuel Barreto Risco) es hasta ahora muy recordado.

En el ochenio dictatorial de Manuel Apolinario Odría (1948 – 1956) también hubo persecución de los apristas. Sin embargo, a pesar de estas experiencias amargas, en vez de apoyar al movimiento socialcristiano representado por la Democracia Cristiana, el PAP prefirió respaldar y dar el triunfo al conservador Manuel Prado (1956 – 1962). Sobre esta actitud muy comodina y pragmática, alejada de la doctrina aprista, don Eugenio dice: “La errónea política colaboracionista hizo perder al PAP su hegemonía en las universidades y en los sindicatos laborales…”

En 1963 Fernando Belaunde Terry asumió a la presidencia con la alianza de dos partidos: Acción Popular y Democracia Cristiana. APRA y UNO (Unión Nacional Odriísta), los dos partidos perdedores, formaron la alianza en el congreso; y, como constituían la mayoría, se dedicaron a tumbar ministros y a vetar muchos proyectos del Poder Ejecutivo. Los apristas sinceros y críticos se sintieron desilusionados y traicionados; consideraron que el partido se había alejado de los principios revolucionarios; prefirieron salir del PAP y fundaron el MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) que inició la guerrilla de 1965 liderada por Luis de la Puente Uceda.


Como intelectual fue una brillante figura que vio el mundo desde América y defendió que cada sociedad tiene su propio proceso histórico. “Haya refutó a Hegel cuando afirmó de manera categórica que Europa es absolutamente, el término de la Historia Universal. Demostró que no hay una sola Historia y que Occidente no es la meta final de las aspiraciones humanas” (p. 209). Haya se adelantó a la globalización y a los tratados de libre comercio, propuso la construcción de la identidad latinoamericana.

Hasta 1979, año de su fallecimiento, los apristas tuvieron a Víctor Raúl Haya de la Torre como maestro a quien podían consultar y escuchar.


miércoles, 15 de agosto de 2018

MORIR CON DIGNIDAD, DESEO DE TODOS

martes, 14 de agosto de 2018


MORIR CON DIGNIDAD, DESEO DE TODOS




Francisco Carranza Romero

Cumpliendo mi romería de cada año volví a Seúl en julio de 2018 para cumplir los compromisos académicos y para celebrar los reencuentros familiares y amicales. Pero, cada reencuentro tengo sabores diferentes.

A pesar del clima caluroso y con bochorno que, algunos días superó los 40°C, hice visitas a dos hospitales yoyangwon donde cuidan a los pacientes que ingresan aún conscientes (muy pocas veces) o ya inconscientes. Ahora narro mis experiencias en esos centros.

1. Acompañado de mi esposa y de mi cuñada entro a un hospital. Subo al segundo piso y entro, Al fin, en un reducido cuarto donde yacen 6 pacientes. Presuroso y con mucho cuidado me acerco a la cama de mi concuñado quien está tendido sobre una cama, recibe el oxígeno por un tubo que penetra por su boca, en un brazo recibe el suero intravenoso las 24 horas, no siente mi llegada y supongo que tampoco me oye ni me ve. Acercándome a su oído le digo: ¡Hermano mayor, aquí estoy! Sus ojos, aunque abiertos, no se fijan en un determinado punto. Está en esta condición por dos meses. Dicen que otros pacientes semimuertos están así por años. El comentario me conmueve más porque a mí no me gustaría estar así por tantos días, meses... “Prefiero la muerte que esta vida”, es mi amarga conclusión. ¿Fue un error que los de 911 le hicieran la reanimación cardiopulmonar a un señor de más de 80 años?

Mi cuñada, acompañada de sus hijos, fue a hablar al médico jefe. El resultado del diálogo: Legalmente no se puede sacar al paciente. Tampoco se puede aplicar la eutanasia. El paciente es, realmente, un cliente y seguro aportante del hospital.

En la tercera visita estrecho la mano semimuerta de mi concuñado en señal de despedida. En mi condición de andino yo oro a los apus andinos y coreanos para que lo ayuden a cruzar pronto el río que divide las existencias.

Y el 11 de agosto, a las 5.30 pm, hora de Toronto, recibimos la llamada de la familia de Corea avisándonos la muerte del familiar. Aunque el llanto es mi primera reacción; después, me tranquilizo pensando que la calma ha llegado: Ahora mi concuñado coreano descansa.

Desde Canadá acompaño mental y espiritualmente a la familia coreana en los ritos fúnebres: dos días de velatorio, incineración, y el rito de despedida al tercer día después del entierro. Este último rito de despedida es como pitsqay o pichqay (pistqa: cinco), rito andino en el quinto día post mortem.

2. Enterado de que el profesor coreano Chang Sunion está en un hospital yoyangwon, voy para verlo y despedirme porque mi visita a Corea es sólo una vez al año y por un mes. Haciendo varios cambios del tren subterráneo llego al hospital acompañado de un exembajador coreano con quien mantengo la amistad por décadas. Y él, al entrar a un cuarto con 6 camas, es quien me señala a un paciente de cabeza rapada. Mi recuerdo era: un hombre calvo, pero con abundante cabellera en los parietales y en el occipital. Ahora, para mí está desconocido. Me acerco a su lecho porque él está tendido.

-¡Profesor Chang, aquí estoy!
-¡Omona! ¡Omona! (¡Madre mía!¡Madre mía!) ¿Carranza? -Estira sus brazos y trata de levantar su cabeza-.
-Sí, profesor Chang, hermano mayor. Vengo desde Perú para verlo.
-Mis lentes, por favor. ¿Estoy soñando o estoy despierto? -Se pone los gruesos lentes con torpeza.

Me toma una mano, la estrecha y no la suelta. Sonríe, pide a un auxiliar que le alce la cama donde reposa su cabeza. Él está lúcido, no ha olvidado el español. Yo recuerdo que él mismo me contó en 1980, mi primera visita a Corea, que había traducido y publicado “El Quijote” en lengua coreana. Ahora me cuenta que sus dos hijas se han casado: una con un francés, la otra con un español de Valencia -enfatiza la pronunciación ceceante en la última sílaba-; por eso viven en el extranjero. 


Hablamos recordando muchos acontecimientos. Bromeamos como en los tiempos cuando éramos colegas del Departamento de Español en Hankuk University of Foreign Studies donde laboré por 26 años. Hasta que, recordando a los colegas menores (sus exalumnos) del Departamento, se enfurece y exclama: ¡Esos malditos! Es que ellos, olvidándose la enseñanza de Confucio: respeto al maestro, lo maltrataron en los dos últimos años antes de su jubilación. Como manda la ley, él dejó la labor de docente universitario a los 65 años sin ninguna ceremonia ni reconocimiento. Se retiró de las aulas muy resentido, desilusionado y enfermo. 

Como todo reencuentro en el hospital, éste también se hace breve. Nos abrazamos, nos despedimos emotivos porque pensamos en muchas cosas: Quizás ésta podría ser la última oportunidad para los que vivimos en lugares muy distantes: Perú y Corea. La vida está llena de sorpresas. Nadie puede comprar la vida. Nuestra vida es frágil. Nuestras lágrimas premonitorias rompen las barreras del nacionalismo y etnocentrismo. Los humanos tenemos los mismos sentimientos.


Recuerdo la enseñanza del maestro Sidarta Gautama para quien la vida es un proceso de sufrimientos: nacimiento, enfermedad, vejez y muerte.


viernes, 10 de agosto de 2018

EL PERÚ ES UN MENDIGO SENTADO SOBRE UN BANCO DE ORO

         EL PERÚ ES UN MENDIGO SENTADO 
      SOBRE UN BANCO DE ORO
                                    Francisco Carranza Romero

INSULTO ANTES QUE ELOGIO
Esta expresión atribuida al italiano Antonio Raymondi, que muchos la repiten como si fuera un elogio para el Perú, es una aguda crítica antes que un bonito piropo. Confieso que yo también, cuando estaba en la escuela primaria, creía que se trataba de un elogio; pero, con los años de reflexión me parece más una severa crítica antes que un elogio. Analicemos la expresión por partes.

“El Perú es un mendigo”. Qué afirmación tan hiriente; pero, lamentablemente, verdadera para el Perú contemporáneo. Los gobiernos de turno han convertido al Perú en un país pedigüeño o mendigo internacional. No hay cuándo termine esta campaña oficial e internacional de pedir ayuda para resolver cada problema inmediato. Para despertar la compasión de personas e instituciones extranjeras se presentan cifras e imágenes alarmantes. Así parece que el Perú fuera el único país de los grandes desastres naturales, un país castigado y olvidado por el mismo Dios.

Sin embargo, en todo el mundo suceden algunos de estos desastres naturales: tifones, tornados, huracanes, inundaciones, aluviones, sequías, heladas, nevadas, maremotos, terremotos, fallas geológicas que sepultan pueblos, erupciones volcánicas, etc., que causan el dolor humano. Y muchos países, que no cuentan con un programa de prevención, no cuentan con presupuestos suficientes para superar los estragos de los fenómenos naturales.

Pero hay otros desastres que son resultados de la falta de planificación y de la falta de ética de la misma gente: La corrupción que padecen las autoridades es una peste que  contagia hasta a los niveles inferiores. El menosprecio de los grupos del poder hacia los que tienen otro color y otra cultura. Las mentiras electoreras de los candidatos que prometen aun sabiendo que no van a poder cumplir las promesas, y la masa electoral cómplice que vota por un candidato aun sabiendo de estar siendo engañada. Así el país vive en un caos donde reinan la injusticia social, la inseguridad social, la violencia institucionalizada y de grupos civiles armados como respuesta, el abuso del poder contra los pobres, el olvido de las áreas rurales, la desocupación, la discriminación racial y cultural...

El país se sigue endeudando más y más, y el dinero de la deuda parece que nunca hubiera entrado al país. ¿Dónde está siquiera la mitad de toda la deuda peruana que supera tantos miles de millones de dólares? ¿No estará depositada en las cuentas de los exgobernantes, de sus familiares y allegados ganando intereses en los bancos extranjeros?

Al recorrer los centros turísticos, la vitrina del Perú para los visitantes, nos encontramos con las manos estiradas y semiabiertas pidiendo limosna. En Sacsayhuamán y Machupicchu, soberbios monumentos prehispánicos de la creatividad y del trabajo, hay adultos y niños en actitud de limosneros pi­diendo "wan dólar" (one dollar). ¡Qué pedagogía de la mendicidad! Esas imágenes de mendigos actuales son las que los visitantes se llevarán para siempre.

Para justificar la mendicidad se recurre a las palabras “solidaridad”, “colaboración”, “saber compartir”, “beneficencia”, y luego se extiende la mano dispuesta a recibir. Sin embargo, ¿los acriollados que gobernaron el Perú supieron ser solidarios con sus paisanos indígenas? Las leyes de tributación a los indígenas, y las leyes de educación son ejemplos de esa discriminación. Los grupos del poder económico y político no supieron compartir; para salvar su capital ahorraron en bancos extranjeros, y cuando los obreros y campesinos hicieron peligrar sus propiedades e intereses recurrieron a las fuerzas armadas para callarlos temporalmente o para siempre. Para pedir colaboración hay que estar laborando y no esperar que otros vengan a laborar. 

¿Qué ha pasado que ya no se siente el mensaje del canto "Tengo el orgullo de ser peruano y soy feliz"?

“El Perú es un mendigo sentado”. Esta expresión dice que el Perú es un país sentado, no de pie, no en actitud de labor y lucha. La mejor posición de un mendigo es estar sentado. Los antiguos pobladores no hubieran podido realizar esas grandes obras que desafían al tiempo y a los desastres naturales con esa actitud de estáticos sentados. ¿Desde cuándo el Perú optó por la actitud del mendigo sentado para pedir ayuda a las instituciones y gobiernos extranjeros?

“El Perú es un mendigo sentado sobre un banco de oro”. El banco de oro es una manifestación de riqueza; pero, ¿de qué sirve la riqueza si no se la trabaja, y si no genera bienestar para la población? Si no hay inversores nacionales para explotar esa riqueza, abramos las puertas a inversores extranjeros para que den ocupación a miles de personas que buscan un trabajo, suscribamos contratos que satisfagan tanto a los peruanos como a los inversores. Veamos a todos los países del mundo -como China, Rusia, Corea del Sur, Japón y Estados Unidos- hacen esfuerzos para atraer los capitales extranjeros. 

Y Perú, para dejar de ser “un mendigo sentado en un banco de oro”, debe abrir sus puertas a los inversores, cumplir sus compromisos suscritos y dar seguridad para no espantarlos.