lunes, 22 de febrero de 2016

ARMANDO VILLEGAS: Pedagogía especial del dibujo

ARMANDO VILLEGAS: Pedagogía especial del dibujo

Francisco Carranza Romero





Artes Visuales

Escribir o hablar sobre el maestro Armando Villegas López en Colombia es tratar sobre un personaje muy conocido y valorado en el ambiente artístico. Por su apellido, muchos colombianos lo tienen por “paisa” (natural de Antioquia). Cuando se informan que es un peruano, no se retractan, y dicen muy tranquilos: Eso qué, él es más colombiano que la mirla. Por algo pintó la Virgen de la Esmeralda.

Pero, conociéndolo personalmente y escudriñando su vida nos informamos de algunos datos: Nació en la provincia andina de Pomabamba (Áncash, Perú) el 3 de septiembre de 1926. Desde niño se alimentó de las culturas quechua e hispana; aprendió a comunicarse en quechua y castellano según el interlocutor; participó en las fiestas del campo y de la ciudad; gozó de los colores y símbolos andinos y costeños porque, como todo peruano sincero, asumió la realidad mestiza del Perú. Su madre inmigró a Lima para proteger a su hijo y para buscar un nuevo porvenir. Villegas, después de terminar los estudios de primaria y secundaria en el Colegio Nacional Guadalupe, Lima, ingresó en la Escuela de Bellas Artes. Hasta que en 1950 viajó a Bogotá donde obtuvo la beca para el postgrado en Pintura Mural en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Colombia. Desde entonces su residencia es Colombia. A Perú llega sólo por exposiciones o por visitas familiares. Sin embargo, dos cuadros suyos adornan dos importantes lugares de Lima: Túpac Amaru en el Palacio de Gobierno y Santa Rosa en la Cancillería. Su cuadro Bolívar también está en el Palacio de Gobierno en Caracas. La crítica colombiana Marta Traba dice de él: “Es una de las figuras más representativas de la plástica latinoamericana. Pertenece al grupo que introdujo la contemporaneidad artística en nuestro país… Como gestor cultural se le debe el sueño y la ejecución del Museo de Arte Contemporáneo Bolivariano de Santa Marta”. En Colombia, con toda justicia, es reconocido al lado de Eduardo Ramírez Villamizar, Fernando Botero, Enrique Grau, Alejandro Obregón y Guillermo Wiedemann. Ha expuesto sus obras en tres continentes: América, Europa y Asia. Colabora con Perú como Ministro Consejero Cultural ad honorem en Colombia. Pero, se mantiene distante de la política porque el artista y el político son personajes de diferente visión. “La política comercia con lo más abyecto y efímero del ser humano; el arte pretende un matrimonio con lo sublime”.

Sus guerreros anónimos pertenecen al realismo mágico, m
aravilloso y fantástico. Pero algunos críticos han dicho que son repeticiones sin darse cuenta que cada guerrero es diferente. Al respecto, el maestro Villegas dice: “Los críticos pasan; los artistas quedan”. “El arte nace, se consuma y universaliza en los ojos del otro”.

Cuando en septiembre de 2012 supe sobre su delicada salud postoperatoria, aprovechando un evento académico organizado por la Universidad de la Sabana, viajé a Bogotá y lo hallé ya en su casa que es un palacio del arte convertido en estudio y galería permanente. Allí no sólo están sus pinturas sino también sus collages hechos con madera, lata, plástico, tela, vidrio, etc., materiales que él los recoge, los recicla y les da nueva y hermosa vida. Aprovechamos unos días para hablar en quechua sobre nuestras vivencias andinas y es cuando me entregó su libro recién publicado: Pedagogía especial del dibujo, Fundación Común Presencia, Bogotá, 2012. En la dedicatoria leo su gratitud de discípulo: “A la memoria de mi profesor Francisco Guzmán Becerra, maestro en Pedagogía Artística, sin cuyas luces no hubiera sido posible la cristalización de estas páginas”. En esta vida todos tenemos que agradecer a los que han participado en nuestra realización intelectual y espiritual.

Desde la Introducción hallamos muchas píldoras de la verdad que contiene este libro: “El dibujo es anterior a la palabra escrita” porque la escritura es la abstracción más elaborada para representar ideas y sonidos. Lo mismo podemos decir: El acto lúdico es anterior a la expresión artística.


“Entiendo que dibujar no debe ser una habilidad exclusiva de los artistas, sino de toda persona para alcanzar un mayor y mejor desarrollo”. Y este desarrollo es integral. Es físico porque desarrolla la vista, adiestra la mano en el trazado de líneas y formas, y propone la distancia adecuada del dibujante frente al papel o lienzo. Es intelectual porque desarrolla la memoria, el análisis de formas y colores, la síntesis y la recreación imaginativa. Es espiritual porque armoniza el mundo exterior con el mundo interior.

“Sabemos que el habla se perfecciona con el dibujo; y el dibujo con el habla”. Cuando faltan recursos lingüísticos se recurre al dibujo para expresar lo que uno quiere, eso hizo el cronista Felipe Guamán Poma de Ayala cuando redactó su Nueva crónica y buen gobierno.

Al hablar del inicio del dibujo en la niñez, el maestro Villegas, basándose en los grandes pedagogos y en su propia experiencia, recomienda el dibujo libre y espontáneo para que el niño garabatee (balbuceo gráfico) o pinte según el desarrollo de su vista, según su estado emocional, según su género, según su interés y según su percepción del mundo en que vive.

En esta etapa inicial se puede ayudar con sugerencias muy suaves pero no se debe hacer las correcciones porque puede crear el complejo de inferioridad al que está queriendo expresarse mediante el dibujo. Después, con la orientación de un maestro el niño pasará a dibujar las formas geométricas; luego pasará al dibujo imaginativo porque el objetivo del dibujo no es formar un mero copista o repetidor. “El maestro debe propagar siempre en sus clases una pedagogía de la libertad; de otra manera habrá esculpido en el viento”, dijo en una entrevista. Por eso, el maestro de dibujo debe tener conocimientos de Estética, Pedagogía, Geometría, Psicología, Química, cultura general y práctica del dibujo porque el curso de dibujo tiene relación con todas las asignaturas.

El maestro Villegas, por conocer la realidad de las escuelas estatales, se lamenta de la poca importancia que dan el Ministerio de Educación y la escuela a la asignatura de Dibujo o Pintura. Las aulas oscuras y tétricas no son las adecuadas porque matan el espíritu artístico del estudiante, la carencia de materiales también dificulta la enseñanza, y el docente no preparado para esta materia remata el curso.

El dibujo sirve también para medir el grado del desarrollo de la inteligencia. Basta ser un buen observador: el niño con retardo mental tiene la tendencia a copiar y repetir; mientras que el niño normal es innovador y creador. El educador, que puede ser un familiar cercano o docente de aula, puede conocer al niño por la dirección y repetición de las líneas y formas, por la preferencia de los colores, por la rigidez o movimiento de las figuras.

Este libro refiere la historia del dibujo, presenta los métodos con criterio cronológico, hace las recomendaciones acertadas por su experiencia de muchas décadas en diferentes países e instituciones. Aprovechemos, pues, la experiencia del octogenario maestro. Este libro es útil no sólo para el maestro de aula sino para toda persona que quiera comprender mejor la adquisición y el desarrollo del lenguaje artístico a través de formas y colores.


Maestro Villegas: Gracias por darnos un resumen escrito, de fácil lectura y con ejemplos pictóricos adecuados en cada capítulo.



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